El desafío desde el surgimiento no fue simple e implicó un gran esfuerzo para poder dar contención y acompañamiento a los jóvenes que se fueron acercando a este espacio que se llamó «El Refugio». Con un nombre por demás adecuado, este grupo de personas que tomaron la responsabilidad de encarar el proyecto, se insertó en la vida social sunchalense de inmediato.
La encomiable labor pudo dar un gran paso al dejar un pequeño espacio de la ex Richiger, para trasladarse a su casa propia, de Crespo al 100. En el mismo, pudieron desarrollar múltiples actividades laborales, lúdicas, sociales y educativas.
La entrega de meriendas y viandas de alimentos, la posibilidad de generar distintos elementos para su venta, le van dando el impulso necesario para continuar por esta senda virtuosa que vienen recorriendo.


