
“Las religiones han acompañado todas las etapas de la historia humana; han modelado la vida y la cultura de los pueblos. La estrecha relación entre el fenómeno religioso y el hombre implica que las ciencias de las religiones pueden aportar mucho al propio conocimiento del hombre”, afirmaba Juan Martín Velasco y en su obra aborda la presencia de Dios en la historia de las religiones, los ritos, los sacramentos y la dimensión religiosa del hombre.
Las religiones consolidaron desde siempre la cultura en la cual se encuentra inserto el hombre. Ellas, desde su origen, están en la búsqueda de un Dios protector que es necesidad de la humanidad para que quite los sufrimientos de los seres humanos, que confían en él por medio de la fe.
Después del bautismo, ingresamos siendo vírgenes en las páginas del catecismo y nuestro espíritu se vio iluminado por conocimientos que nos inspiraron y convencieron. Aquel primer paso propio en el sendero de la fe, aquella primera Eucaristía nos marcó y hoy nos define: ya no nos apartaremos del rito inaugurado con amor auténtico.
La creencia en la existencia de un sentido en el Universo, percibido a través de las religiones, es una constante de las culturas humanas. Pero la historia nos cuenta también que las distintas religiones han sido factores de divergencia entre los pueblos y en muchos casos han servido como un motivo más para empujarlos a la guerra.
La realidad actual nos inserta en el doloroso panorama de una guerra despiadada, inconcebible. Si bien el detonante no radica en discrepancias religiosas, la lucha entre los hombres del mundo que debieran amarse y respetarse nos cubre de incomprensión y pesar. El calvario de los más débiles nos recuerda aquel otro calvario que rememoramos precisamente en esta Semana Santa.
Frente a este panorama internacional y a las grietas comprobadas que dificultan el entendimiento entre los hombres, políticos o no; grietas que nos abofetean el rostro y castigan el alma… el sol anuncia la aurora con sus primeros albores para iluminar un espacio de tierra llamado Sunchales, precisamente en “Ciudad Verde”, todo un símbolo de vida saludable. Y aquí, lugar único en el planeta Tierra, un espacio para el diálogo interreligioso eleva sus muros para albergar el entendimiento, la comunión de sentires, los rezos de cada uno y de todos.
Asistimos sorprendidos, emocionados, absortos y maravillados en el atardecer de este domingo junto a miles que no quisieron perder la ceremonia. Única, irrepetible, maravillosa, nos puso frente a un hecho inédito en el mundo. Las palabras, los mensajes orales y los gestos unificaron las religiones representadas por distintos emisarios de cada una de ellas.
Y todo se corporizó aquí, en este sitio de la llanura santafesina, donde una empresa líder, que nos acostumbra a recibir beneficios y acciones destacadas, puso una vez más de relieve su empeño para ubicar la ciudad y el país en un sitial único, porque este Espacio Interreligioso será ejemplo internacional. Quiera Dios que ayude también a iluminar a aquellos que aún viven en las tinieblas de la confrontación y nos ubiquen en el solar de la concordia, el respeto y la fraternidad. ¡Gracias, Grupo Sancor Seguros!

