En el marco del Día de la Industria, desde SunchalesHoy queremos compartir la historia de una de las empresas ya desaparecidas pero que ha dejado una huella imborrable: la Curtiembre Actis Hermanos.
Enclavada en barrio Sur, hoy apenas a unas cuadras del centro mismo de la ciudad, supo tener una gran producción, proyectando ventas a diferentes sectores y ocupando una manzana de terreno. Su producción no estuvo exenta de polémica por el uso de tanino como parte del proceso de trabajo del cuero, generando al mismo tiempo, decenas de puestos de trabajo para vecinos de la ciudad.
En el libro del Cincuentenario, se repasa su historia, la cual compartimos a continuación:
Miguel Actis, convirtió una pequeña zapatería en una curtiembre de importancia.
Joven aún, cuando solo contaba 23 años de edad, don Miguel Actis tuvo que abandonar su pueblo natal, Caluso, situado al pie del elevado pico Retondo, en la provincia de Turín. De humilde oficio, tenía empero fe en la propia obra y un espíritu a toda prueba para el trabajo. Esa fe y ese espíritu de allanaron los obstáculos más grandes y le indicaron un derrotero que don Miguel supo seguir firme y seguro.
Nació el 24 de enero de 1864 y llegó al país en 1887.
– ¿Cómo ganó sus primeros pesos? le preguntamos.
– Trabajando. Todos los obreros ganan los primeros pesos trabajando… y los que siguen también. Cuando llegué a Sunchales, instalé un humilde taller de zapatería, en el que hacía las veces de patrón y de operario. Poco a poco, sin que yo mismo me diese cuenta, el taller progresó, hasta que en 1906, resolví fabricar zapatillas, que tuvieron mucha aceptación en la zona.
– ¿Entonces incorporó personal?
– ¡Ah, si…! Entonces ya era todo un señor industrial… con dos empleados, que luego llegaron a 28.
– ¿Cuándo inició el ramo de la curtiduría?
– En el año 1912. También allí trabajaban dos operarios. Hoy tengo 12. En los primeros años curtíamos 200 cueros al mes, con dificultad. Hoy curtimos 5000 al año, fácilmente. Es decir, cumplimos con las necesidades de la demanda. Nuestra curtiembre -agrega- llegó a manejar 200 mil pesos anuales.
– ¿Qué productos atiende con preferencia?
– En primer lugar, el curtido de toda clase de cueros y pieles; después puede mencionarse la fábrica de suelas, vaquetas, etc.
En compañía del dueño de casa, recorremos las instalaciones, en las que resulta fácil comprobar la higiene, dado la calidad del trabajo. Los obreros en un ambiente de sano compañerismo, que significa, sin duda, un alto estímulo para la ardua e ingrata labor que deben cumplir. Son todos hijos de Sunchales, con familias arraigadas que ponen su granito de arena en la obra del progreso general.

Y ahora vamos a abordar otro aspecto de la vida de este admirable pionero de Sunchales; admirable por su vida íntegra, honesta; admirable por su espíritu perseverante, por su acción mutualista y admirable, también, por su férrea voluntad para defender los sanos principios democráticos que guiaron los primeros pasos de la Sociedad Italiana «Alfredo Capellini».
– Efectivamente -responde a una pregunta nuestra- he sido cofundador de la Sociedad Italiana «Alfredo Capellini» y su presidente durante quince períodos. Iniciamos la acción mutualista en el año 1891. Trabajamos en armonía hasta que se impuso el régimen fascista en Italia… Luego conocimos las diatribas, las intrigas y la puja por el predominio en el poder para imponer los designios del régimen de fuerza.
Lo demás es historia reciente, que todos conocen.
– ¿Qué recuerda de los primeros años, don Miguel?
– Recuerdo la azarosa lucha contra las autoridades policiales y judiciales. Por cualquier nimiedad detenían a los extranjeros y los sometían a largos interrogatorios, molestos y contraproducentes para un país que necesitaba de la mano del inmigrante. Esa hostilidad se evidenciaba mejor en Sunchales, donde la xenofobia llegaba a su grado máximo. Primero fue el comisario Garramuño. Más tarde, Ríos.
En 1907 -continúa- integré una comisión que se entrevistó con el gobernador de la provincia, solicitándole el traslado inmediato del comisario Ríos. Se trataba de un funcionario sin escrúpulos que profesaba un odio atroz a los italianos. Nuestra misión tuvo, felizmente, éxito.
Agradecemos al señor Actis su amabilidad y nos retiramos gratamente impresionados de este hombre que a los 72 años conserva un espíritu juvenil y una lozanía que desearían para sí muchos jóvenes.

