Otra mirada sobre la figura de H. Storani

(Por: Silvia M. Storani (1)) – En una publicación de fecha 09/11/2024 aparecida en Primera Plana en la edición del diario digital Sunchales Hoy (2), el Profesor y Doctor en Historia Fernando Calamari anunció haber presentado en un Congreso académico organizado por la UNL una ponencia titulada: La participación del cooperativismo en la dictadura cívica-militar (1976-1983), con la idea de “aportar a los trabajos que investigaron la participación empresarial en dicho período, enfocado en el movimiento cooperativo de Sunchales”, y seguidamente abundó en acusaciones injuriantes e infundadas contra dos militantes muy conocidos del Partido Socialista y otros dirigentes y funcionarios de SanCor CUL y SanCor Seguros. Uno de los atacados injustamente fue mi padre, Heraldo N. Storani, a quien le ha atribuido conductas colaboracionistas con la dictadura y dolosas para la sociedad sunchalense de la época.


¿En qué información se basó, en qué testimonios y datos? Ha sido preciso recurrir a la mencionada Ponencia, en busca de respuestas. En su breve publicación panfletaria en Sunchales Hoy, Calamari califica al cooperativismo sunchalense de “cómplice del peor gobierno de facto argentino” y denuncia a una serie de personas vinculadas laboralmente a SanCor CUL y a SanCor Seguros. Presenta como uno de los “dos casos emblemáticos de la evolución antidemocrática de esas dos entidades” a Heraldo Storani (mi padre), de quien dice que “era integrante del Partido Socialista de Sunchales y jefe de redacción de SanCor CUL y apoyó el golpe de estado de 1955” y que “desde 1977 como gerente general de la empresa fijó su postura personal y de la empresa a favor de la dictadura”, afirmaciones infundadas e insultantes y con errores varios, que pasaré a demostrar.


Comenzaré señalando que Heraldo Storani llegó a Sunchales a trabajar en SanCor CUL en 01/11/1946, como auxiliar administrativo, y en 1949 ascendió a Secretario Rentado. Por ser afiliado al Partido Socialista (al igual que mi madre Delia E. Perren) y militante del mismo, en los primeros años de la década del Cincuenta sufrió persecución y hasta amenaza de muerte por parte de una patota sindical peronista, por su oposición a la afiliación obligatoria a un Sindicato único (3). Por eso estaban preparando nuestra emigración familiar a Paraguay cuando ocurrió el Golpe de 1955, lo que no es fundamento para acusarlo de haber apoyado ese Golpe, acusación teñida de prejuicio malintencionado.


Antes de continuar, debo señalar la aparente falta de conocimientos básicos de Calamari sobre organizaciones cooperativas. SanCor CUL era una cooperativa de segundo grado, o sea: una cooperativa de cooperativas primarias constituidas por productores lácteos, que se organizaron en un organismo cooperativo superior para elaborar industrialmente distintos productos y comercializarlos evitando el maltrato y la explotación de parte de empresas nacionales e internacionales, como la River Plate Dairy Company. La primera fábrica de SanCor CUL fue la de Sunchales (de manteca), en 1940 (4). Ahora bien: la dirección y el gobierno de una cooperativa residen en un Consejo de Administración y su Presidente, todos ellos socios productores, es decir, dueños (renovados en elecciones periódicas).

No deben ser confundidos con los empleados de la administración de cada cooperativa de primer o de segundo grado, ni de las industrias de propiedad de esas cooperativas. Quien gerencia, incluso en el nivel más alto, es meramente un empleado que debe responder al Consejo de Administración. Mi padre fue siempre un empleado.


Durante 1960, Heraldo fue designado Gerente de Relaciones de SanCor CUL, lo que implicaba ocuparse, fundamentalmente, de los vínculos con las cooperativas primarias. Erróneamente, Calamari le asigna el cargo inexistente de Jefe de Redacción de la empresa. Sumando datos erróneos del historiador, señalo que Heraldo se hizo cargo de la Gerencia General en agosto de 1978 (no en 1977, como afirmó). Cuando asumió la Gerencia General, lo hizo por pedido especial del Consejo de Administración ante la grave situación económico-financiera de la empresa y los vacíos legales para considerar la posibilidad de tramitar el concurso preventivo de una cooperativa de segundo grado. Asumió ese cargo sin abandonar el otro que en ese momento tenía y sin aceptar incrementar su sueldo, proponiendo rigurosas políticas de austeridad que dieron buen resultado.


Las acusaciones de colaboracionismo
Según los hechos presentados en la referida Ponencia (pp. 3 a 7) para construir su relato sobre el colaboracionismo empresarial, las visitas a Sunchales de la cúpula militar del Proceso se iniciaron con la presencia de Videla en 1977, y en su visita a SanCor CUL “… lo esperaban los miembros del concejo de administración, presidente del mismo Nelky Ferrero, gerente general Dover Miretti, directivos Héctor Fassi y Remigio Pascual,… ” (p.4). En 1979 se realizó la visita del comandante de la Armada Alte A. Lambruschini: “…En SanCor CUL fue recibido por los directivos y funcionarios de la empresa encabezado por el presidente Henri Francisca y gerente general Heraldo Storani.” (p.5). Ese mismo año se realizó también la visita del comandante en jefe del Ejército Tte Gral R. E. Viola, siendo recibido en la fábrica por “…el intendente y el presidente de la entidad lechera Henri Francisca, concejeros, gerente Storani y gerente de UNCOGA…” (p.5). Luego, en 1981, fueron visitantes el Jefe de la Policía Federal Gral. J. B. Sasiain y el juez federal Dr. J. Edibur, con otros altos funcionarios policiales de la Provincia, y “…estuvieron acompañados por el intendente Nilo Cravero y miembros del consejo de administración, encabezados por el presidente Rodolfo Gariglio, gerente Storani, personal superior y funcionarios.” (pp.5y 6).


Como puede apreciarse, por una evidente cuestión de protocolo, los visitantes importantes fueron recibidos siempre por el Presidente y el Gerente General de SanCor CUL, independientemente de quienes ejercieran dichas funciones. Cuando hubo discursos, estuvieron a cargo del Presidente del Consejo de Administración. En cambio, en la visita de una delegación de esposas de altos funcionarios militares, encabezada por la cónyuge de Videla, en 1980, fue la esposa del Presidente del Consejo de Administración quien le entregó un presente, y el discurso de bienvenida estuvo a cargo del Gerente General. Obviamente, al cambiar las jerarquías, se modificaban las responsabilidades, y Storani actuó como anfitrión en cumplimiento de sus funciones, por lo que resulta desmesurado que Calamari atribuya a ese discurso tanta importancia simbólica, como para expresar: “Esta interacción en los vínculos conyugales con los déspotas les dio una imagen humanizada a los ejecutores del terrorismo de estado” (p.7).


Por lo expuesto, solo me queda pensar que Calamari se limitó a contar la cantidad de veces que mi padre fue mencionado durante las visitas protocolares militares, y por una mera cuestión cuantitativa pasó a considerarlo “un caso emblemático de la evolución antidemocrática” de SanCor CUL, afirmación absolutamente injuriosa e infundada, que constituye una falacia.


Agrego que un breve repaso cronológico de la historia de Argentina en el S.XX permite ver al “golpismo militar” contra presidentes constitucionales como elemento constante. Entre la asunción democrática de J.D. Perón en su segunda presidencia (1952) y el golpe cívico-militar de marzo de 1976, tuvieron lugar cuatro golpes de estado: en 1955, 1962, 1966 y 1970, y las mismas fuerzas golpistas protagonizaron enfrentamientos internos y derrocamientos de presidentes de facto. En esa escena política, la sociedad argentina procuraba sostenerse, mantener cierta organización de vida y posibilidad de continuidad de funcionamiento de sus instituciones en un marco político de destrucción institucional, inestabilidad e inseguridad constantes. Los grandes grupos de poder respondían a intereses internacionales; el escaso empresariado nacional independiente, y en especial el del interior, debía recurrir a estrategias proteccionistas de supervivencia contra políticas nacionales muchas veces hostiles. Los pequeños productores rurales de Santa Fe y Córdoba que laboriosamente habían logrado organizarse en forma cooperativa, durante los breves períodos democráticos también sufrían los embates de rivalidades políticas y luchas de intereses económicos. Imagino que para la sociedad sunchalense que encontraba su principal fuente laboral en la Fábrica SanCor, con todo el movimiento económico, comercial y de industrias conexas que se generaba, haber sido visitados por la máxima cúpula gobernante del país, aunque fuera de facto, debe haber resultado interesante. ¿Y a quién podría ocurrírsele no aprovechar la oportunidad de lograr actitudes favorables para los negocios de los que todos dependían, por parte de los gobernantes de turno? Las estrategias de supervivencia de los pueblos parecerían ser pragmáticas, en todas las épocas históricas, y esto sería extensivo a la empresa cooperativa, atenta a oportunidades de prosperar.


De allí a atribuirle a cada una de las personas identificadas como importantes en cada evento su adhesión al Proceso de Reorganización Nacional, colaboracionismo y relaciones especiales con la dictadura, hay una enorme distancia cubierta por especulaciones imaginativas, no científicas, y hasta falencias en la formación profesional. Habría sido necesaria una investigación más profunda y rica en elementos probatorios para poder extrapolar a estas empresas cooperativas los resultados de otras investigaciones como las citadas en la Ponencia.


Terrorismo de Estado y hechos de violencia
Calamari habla en su nota panfletaria de un “clima de terror, despidos, violencia, pobreza y coerción en hogares de trabajadores sunchalenses” y menciona a los empleados de SanCor CUL en Córdoba víctimas de la dictadura. En su Ponencia (punto 3. Huelga obrera), se transcriben los datos de esos siete trabajadores afiliados a ATILRA, de la Planta Córdoba, que fueron desaparecidos por el Terrorismo de Estado entre el 10/12/1975 y el 15/07/1976, cuatro de ellos vinculados al PRT-ERP, uno a la Juventud Peronista, los otros dos solamente con actividad gremial (p.10), pero no se informa sobre el único atentado terrorista sufrido por SanCor CUL. Casi un mes después del golpe de estado del 24/03/1976, el día 20/04/1976, una cédula del ERP copó la planta de SanCor CUL en Córdoba, en una operación tipo comando, asesinando al Jefe de Planta Raúl Velazco (5), lo que constituye una omisión incomprensible de información importante, solo atribuible a una investigación insuficiente o a selección sesgada de datos. Todavía hay ex empleados de esa época, en Córdoba o incluso en Sunchales, que podrían haber aportado datos sobre lo sucedido. Cabe suponer los temores y prevenciones respecto de posibles actividades de la guerrilla y activismo laboral subversivo que se extendieron por entonces en todo el ambiente empresarial, en plena época de secuestros extorsivos.


Respecto de la huelga laboral iniciada en Sunchales el 05/10/1978 que se historia en la Ponencia (quite de colaboración devenido en paro, con 263 empleados sunchalenses cesanteados), iniciada en reclamo de un aumento salarial, también allí se relata que llegó al pueblo una comisión de la Coordinación Federal para reunirse con funcionarios de la cooperativa en averiguación de una posible intervención de organizaciones guerrilleras, pero “Los representantes de SanCor CUL le dijeron al grupo represivo que en la ciudad no había guerrilleros y que la huelga no era por motivo políticos, razón por la cual la comisión se marchó.” (pp.12 y 13). Y con respecto a los cesanteados, se relata que, con intervención del Ministerio de Trabajo de Santa Fe y personal policial, se acordó levantar la cesantía del 99% y el levantamiento de la huelga, sin otorgamiento de aumento. Sin ánimo de justificaciones, recuerdo la crítica situación económica existente en la empresa cuando mi padre se hizo cargo de la Gerencia General, que antes mencioné. Según Plotinsky (6), investigador sobre cooperativismo en Argentina: “La relación existente entre el Estado y el movimiento cooperativo sufrió un drástico quiebre a partir de 1976, en paralelo al comienzo de la aplicación de un nuevo modelo de funcionamiento de la economía. La relativa protección estatal a las entidades cooperativas finalizó con el auge de las políticas neoliberales, por lo que se vieron obligadas a jugar en el tablero del libre mercado en condiciones de inferioridad.”


Destaco que en ninguna parte del mencionado apartado de la Ponencia hay referencias a Heraldo Storani.


Concluyendo
Por todo lo expuesto, resulta claro que las acusaciones injuriosas realizadas por Calamari contra Heraldo Storani en su publicación en Sunchales hoy no resultan fundamentadas en la Ponencia que menciona, en la que he señalado errores, omisiones (tanto de información como de consulta a fuentes documentales y testimoniales) y falacias. Incluso, prescindió de la consulta a las publicaciones de y sobre Heraldo, y tampoco intentó entrevistarnos a sus familiares y a quienes fueron sus compañeros o colaboradores laborales, en un tema de investigación que es historia reciente. Lamento profundamente que hayan fallecido mis excompañeros de escuela María Delfino y Oscar Girard, mencionados entre sus fuentes por el autor en su Ponencia, porque ambos (desde sus lugares como militante del Partido Comunista la primera, y como dirigente gremial el segundo), tuvieron oportunidad de manifestarme respeto por el desempeño laboral de mi padre y su aprecio por él, en este último quinquenio. Pero estoy segura de que mucha gente que vivió esas décadas en el cooperativismo agrario y de seguros sunchalense estaría en condiciones de testimoniar sobre los hechos, y no ha sido entrevistada. Tampoco fueron consultados archivos específicos como los de la Revista Sancor y los periódicos La Vanguardia y La Voz del Tambo.


Es difícil imaginar cómo alguien que se presenta a sí mismo como investigador en historia, pueda extraer conclusiones tan tajantes sin haber realizado un esfuerzo mínimo por consultar a fuentes contemporáneas de la persona que está estudiando. Lo que hace Calamari se llama “cherry picking”, es como si, armando un rompecabezas, seleccionara sólo las piezas celestes y en base a ello concluyera que el rompecabezas es una foto del cielo. Y es un ejemplo de deshonestidad intelectual, ya que la selección de piezas ha sido deliberada para intentar sostener una hipótesis predefinida, y no como el método científico marca, buscar todas las piezas necesarias antes de llegar a una conclusión.

El sólo hecho de que no haya ni intentado entrevistarme a mí, la hija de Heraldo Storani, viva, es prueba de que nunca estuvo en su interés estudiar los hechos sino simplemente montar un relato vaya a saber con qué objetivos.
Heraldo N. Storani se mantuvo fiel a su origen como campesino hijo de inmigrantes. Autodidacta, se inició en el cooperativismo colaborando en la Federación Argentina de Cooperativas Agrarias. Muy consustanciado con el ideario Socialista, ingresó a trabajar en SanCor CUL en Sunchales, abocado a la relación con las cooperativas primarias y organizando la Federación Juvenil Agraria Cooperativa. Su ascenso en la estructura administrativa de la empresa lo llevó a otras responsabilidades que asumió como un servicio social para la construcción de una gran organización cooperativa, inmersa en las contradicciones de una sociedad capitalista. En agosto de 1984, con 60 años y con 38 años de aportes jubilatorios, por posturas críticas respecto de políticas empresariales, prefirió acogerse a una jubilación anticipada, con el 70% de la remuneración, pero sin abjurar de sus principios éticos, con honestidad intelectual, rectitud y humildad. Consideraba a la cooperativa una organización de base, solidaria y equitativa, superadora de otras estructuras porque en ella pueden confluir personas sin distinciones raciales, religiosas o políticas. En sus palabras: El movimiento cooperativo era para que el pueblo aprendiera a salvarse a sí mismo (7).


Estimo que la construcción de nuestra MEMORIA como nación debería ser hecha procurando ver la multiplicidad de caras de la VERDAD y dejando de lado egos a la hora de promover la JUSTICIA. Por eso considero que Fernando Calamari debe rectificar sus dichos injuriosos respecto de Heraldo N. Storani efectuados en su publicación en este medio y disculparse públicamente por sus calumnias.

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Prof.y Mag.en Metodología de la Investigación Científica, ex docente-investigadora y ex Secretaria de Ciencia y Tecnología de la Univ. Nac. de Entre Ríos, editora científica de la Revista Ciencia, Docencia y Tecnología, UNER, desde 1990 a 2015.
Días después la nota pasó a la sección Sociedad y posteriornente a la sección Opinión, con la aclaración entre paréntesis: Publicación del autor en Facebook.

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(1) Prof.y Mag.en Metodología de la Investigación Científica, ex docente-investigadora y ex Secretaria de Ciencia y Tecnología de la Univ. Nac. de Entre Ríos, editora científica de la Revista Ciencia, Docencia y Tecnología, UNER, desde 1990 a 2015.
(2) Días después la nota pasó a la sección Sociedad y posteriormente a la sección Opinión, con la aclaración entre paréntesis: Publicación del autor en Facebook.
(3) Cecchi, A.L. (2019). Heraldo Néllido Storani. En: Tras la huella socialista en Sunchales. pp.217-229. ISBN 978-987-783-194-8.
(4) Sancor Cooperativas Unidas Limitadas (1988). Orígenes y nacimiento de Sancor. Buenos Aires, Soc. Impres. Americana. ISBN 950-99238-0-X
(5) Publicación de La Nación del 22/07/1976 que puede leerse en el link: https://www.facebook.com/photo.php?fbid=976862039093806&id=700507713395908&set=a.700507756729237&locale=ar_AR
(6) Plotinsky, D. (2015). Argentina: políticas públicas y cooperativismo (1976 – 2015). En: IX congreso Internacional Rulescoop, p.4. Disponible en: https://sedici.unlp.edu.ar/bitstream/handle/10915/50614/Documento_completo__pdf?sequence=1
(7) Heraldo N. Storani. Aportes sobre la historia del cooperativismo agropecuario en la Argentina (entrevista del 23/01/2005), p.11. Inédito, archivo familiar.

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