
Nacido en Sunchales el 23 de abril de 1930, residiendo en barrio 9 de Julio. Sin proponérselo, puesto que su deseo no estaba relacionado con las disciplinas atléticas, a los 20 años se había erigido en protagonista en la mayoría de las pruebas de la región, incluso dando la sorpresa de superar a deportistas consagrados.
Fue así como, de a poco, se ganó un merecido reconocimiento que lo catapultó a representar al país en juegos Panamericanos e incluso, ser uno de los elegidos para ir a los Juegos Olímpicos de Australia, algo que se truncó a partir de erróneas interpretaciones que mezclaron la política con el deporte, generando una importante pérdida para el país ya que tanto él como otros deportistas, se encontraban en la elite mundial en cuanto a resultados.
De esta manera, se consigna dicho suceso en el libro «Peronismo y Deporte» (dirigido por Horacio González, para la Biblioteca Nacional «Mariano Moreno»).
Lo dijo Perón al inaugurar en Buenos Aires los Primeros Juegos Deportivos Panamericanos: “El deporte es para nosotros un medio, de tantos, que usamos para fortalecer, elevar y dignificar al hombre”. Dichos juegos se celebraron entre el 25 de febrero y el 8 de marzo de 1951.
La dictadura cívico-militar que derrocó a Perón en 1955 por la fuerza de las armas e introdujo a la Argentina en una espiral de violencia creciente que explotaría trágicamente en los 70, se preocupó —con especial énfasis— por destruir hasta sus cimientos toda construcción o proyecto ligado al deporte en beneficio del pueblo y a perseguir a los deportistas que consideraba afines al peronismo.
León Genuth, campeón de lucha greco-romana en los Juegos Panamericanos de 1951 en Buenos Aires y luego en los de 1955 en México, se fue al destierro empujado por los “libertadores”. Osvaldo Suárez, maratonista y uno de los más grandes atletas argentinos de todos los tiempos recuerda que cuando cayó Perón “me anunciaron que por averiguación de antecedentes no podía salir del país y me privaron de ir a los Juegos Olímpicos de 1956”. Ricardo González, capitán del seleccionado nacional de básquetbol —campeón mundial 1950— denuncia que “En el básquet nos suspendieron a todos; a unos 70 jugadores y nunca más pudimos representar al país. Fue claramente una cuestión política”. Fulvio Galimi aporta lo suyo: “Con mi hermano Félix popularizamos la esgrima. Después vino la ‘Libertadora’ y no nos dejaron competir más y ese deporte se volvió elitista de nuevo”.
En el mismo sentido aporta su testimonio el ciclista Walter Lemos: “Teníamos las valijas listas para ir a Melbourne y a menos de cuatro días de subir al avión no nos dejaron viajar y nos suspendieron por 99 años. Fue algo terrible. Creí que nunca más podría competir, pero por suerte al tiempo levantaron la suspensión y volví para bajar los 30 minutos por primera vez en Sudamérica en 10.000 metros”.

