Sunchales vivió por segundo año consecutivo las intervenciones artísticas del Encuentro Nacional de Muralismo, en el marco de la Fiesta Nacional del Cooperativismo. Fueron 25 los manifestantes llegados de distintos puntos del país, los que dejaron sus expresiones artísticas en espacios de la ciudad, plasmaron vivencias del hacer sunchalense, de la cotidianidad que nos identifica.
El muralismo expresa y “habla” para el pueblo, para que sus obras sean vistas y valoradas. Trata de quitar de las paredes el aburrimiento y trocarlo por color, volumen y expresión. Todos los muros pintados transmiten un mensaje que interpela. Opuesto al negacionismo, dirá lo que sabe, lo que es necesario respetar.
Los he apreciado todos, pero uno en particular llamó la atención. Se encuentra en calle Güemes. Uno de los muralistas reflejó una sucesión de rostros, facciones que nos representan como hacedores de un comienzo y en esa serie dejó plasmado el semblante de un aborigen, primer residente de estas tierras, así como de todo el continente americano.

Sentí que, por primera vez, tal vez por sugerencia o por saturación de otros temas, se visibilizó, se puso en imagen la existencia del hombre autóctono, en nuestra ciudad tal como lo cuenta Basilio Donato en su libro “Noticias del Fuerte de Sunchales y sus tres colonizaciones”:
“En el terreno que se llama EL FORTÍN, a 2 km al oeste del pueblo, hace más o menos 130 años (lo escribió en 1889) había un pueblo más grande como el de hoy que fue fundado por los padres jesuitas (…) Los habitantes de este pueblo, en su mayoría indios del norte, tenían escuelas.”
El Dr. en historia, Fernando Calamari en su Tesis presentada para obtener el grado de Doctor en Historia “Sunchales: surgimiento y consolidación de una colonia agrícola santafesina a través de sus actores sociales. 1886-1911”, lo reafirma:
“Bajo el rótulo “Los inicios” se investigan las características naturales del territorio en el cual surgiría Sunchales, teniendo en cuenta cómo dicho espacio fue poblado a lo largo del tiempo por diversos grupos humanos, desde los pueblos originarios hasta quienes habitaron la colonia a partir de la segunda mitad de la década de 1880…”
A pesar de todo, durante años, Sunchales erigió monumentos, carteles, señales indicadoras de su progreso, de sus relaciones con el mundo, de su capacidad por gestar cooperativas, de sus valores deportivos, pero se olvidó de visibilizar que en estas tierras habitaron hombres y mujeres de piel cobriza, habitantes genuinos.
Todo lo que puede ver un visitante al entrar a la ciudad es un despliegue de referencias sobre el crecimiento de Sunchales en simultáneo con las ideas de la generación del 80, pero nada, le indican al recién llegado, que también hubo pueblos nativos.
Pareciera que queremos borrar una parte de la historia, que no encontramos el hilo que une sucesos, sin embargo, el muralismo vino a visibilizar lo omitido por olvido o por convicción: acá en ese pueblo llamado Sunchales, antes de la llegada de los españoles, habitaron pueblos originarios.

Lo interesante, es que junto a ese rostro se plasma el de una mujer, un niño y hombre común, semblanza de diversidad, de mestizaje, de vidas mezcladas, para formar una comunidad. Me pareció que es exactamente lo que nos representa. Un todo disímil amalgamado.
Sunchales camina hacia los 140 años de su tercera colonización. El 2026, nos encontrará reavivando hechos acaecidos en 1886, tiempos de agrimensuras, dominios, de nombres propios y documentos firmados. Es lo que necesita todo pueblo para expresar su nacimiento, dentro de los tiempos. Permitámonos darles un espacio a los que no tienen nombre; el lienzo muralista nos ha dado el puntapié, nos ha interpelado
Griselda Bonafede

