En el contexto humano, la inercia se refiere a la tendencia de una persona a mantener su estado actual de inacción, sin realizar cambios significativos. Es una especie de resistencia a la iniciativa o a la innovación, a menudo asociada con la rutina, la desidia o la falta de motivación. Especialmente, he usado ese vocablo como “sostén de un estado actual, inamovible”, a veces relacionado con la abulia, la indiferencia o apatía.
He conocido y socializado con ejemplares de ambos modelos; declaro que congenio y simpatizo con los inquietos, aquellos seres activos, entusiastas, con ideas de cambio y actualización, seres humanos predispuestos hacia el modernismo, la investigación para el logro del bien común, los avances en el sendero del cambio para ofrecer beneficios colectivos en pro de resultados generales ; concretar actividades para corregir situaciones adversas, modificar lo que implique riesgos, colaborar salvando necesidades individuales o colectivas, etc. A veces nos hallamos frente a personas capaces, con conocimientos profesionales porque se han ejercitado durante toda su vida activa y de compromiso frente a un sinfín de situaciones que capacitan para seguir asumiendo responsabilidades y no obstante, retacean su participación.
“Ahora el tiempo es para mí…”, escuché como respuesta.
Ese tiempo actual que se dona en beneficio de la comunidad, generalmente, es lo que nos mantiene jóvenes, lúcidos, comprometidos, eficaces, después de un retiro o jubilación. En nuestra ciudad hay claros exponentes de aquellos que, olvidados de la característica de un uniforme o la elegancia de un traje, lucen hoy la soltura y el libre albedrío de otra vestimenta, como contraposición a tantos años con lo reglamentario de una función determinada.
Sunchales es un claro ejemplo donde predominan los grupos homogéneos y como resultado de sus proyectos y decisiones se vive en constante superación. Una suma de actividades nos ubican en vecinales, cooperadoras, clubes, instituciones de apoyo, entidades culturales y de acción cooperativa, toda una pléyade sustancial para concretar actividades que nos distinguen.
Cuando leemos las páginas que escribió Basilio Donato se valoran ya los primeros sueños y esfuerzos que han enhebrado los capítulos siguientes hasta el presente que nos llena de orgullo. Son el punto de partida, aquellos gringos de la primera hora, los que llenaron los surcos primarios, los que imaginaron un Sunchales fructuoso y la progenie usó la escasez de aquellos tiempos para convertir, multiplicar y llegar a ofrecernos la realidad de este milenio. Ejemplos que nos guían para multiplicar y diseñar un mañana aún más pródigo.
Ser protagonista o espectador dependerá de nuestro compromiso diario con la ciudad. Haya sido esta nuestra cuna o solamente un lugar de adopción.


