Las guerras modernas

Foto: Euronews.

Nuestro conocimiento evoca las tristes imágenes históricas del hombre remoto y nómade, sorprendido en el paso hacia la deriva; las de tropas señoriales alentando a las huestes para batir a las partidas feudales; las de pueblos vírgenes en América defendiéndose del conquistador de tierras lejanas y extrañas; los ataques de los pueblos primitivos y originarios de la llanura santafesina en defensa del territorio de pertenencia y sus avalanchas hacia los pueblos gringos que concretaban la fundación de un pueblo como relata la historia de Sunchales.

Después supimos dolorosamente a través de nuestros abuelos inmigrantes, de los diarios y películas sobre la primera y la segunda guerra mundial, con todos sus horrores extremos que no llegaron a alcanzarnos pero trajeron sus imágenes crudas, increíbles aunque auténticas y crueles.

Ahora el mundo moderno, la ciencia avanzada, el hombre perfeccionado, la humanidad atenta y solidaria en el suelo de origen y aún más allá en el globo terráqueo, el universo estrechamente en contacto al instante, la robótica, la inteligencia artificial, los aspirantes por llegar a la luna en un nuevo intento… nos retrotraen, sin embargo, a aquellos días de horror lejano porque la modernidad y profusión de las informaciones al instante nos alimenta la realidad, que si bien es lejana, nos sacude, sorprende y conmueve.

“Un conflicto activo”, manifestó el periodista, informante televisivo. El petróleo y cuántas apetencias más transforman a los hombres en lobos feroces y hambrientos. No callan las armas y ver derribados esos edificios majestuosos que sirvieron como hospitales, escuelas, viviendas, echados al suelo, transformados en escombros agresivos y dolientes, además de las vidas cercenadas, nos sacuden hasta lo más recóndito de nuestros sentimientos.

“Que callen las armas” solicitó el Papa León XIV. Hacia allá se dirigió el Dr. Nelson Castro para transmitirnos al instante la realidad cruda. “El temor es de que el conflicto se alargue. Que se escuche la voz de los pueblos y se callen las armas”, repitió el Papa Luis XIV. La realidad política incluye a los dictadores. “La guerra origina riesgos como para un holocausto”. Ya no estamos en la Edad Media. Es peor, porque se desconoce la peligrosidad de las armas nucleares. El diálogo soluciona cuestiones difíciles, con un plan claro y posibilidades ciertas. Pero…

El conflicto es grave, hay hostilidad, estratagemas y un avance imprevisible. Que las imágenes no integren los medios “con un nivel lamentable”, como expresó Nelson Castro.

Agregó aliviado que allá, después del refugio ante el aviso del peligro, ya se hallaban en un parque hermoso y calmo, ¿Hasta cuándo?

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