Seis kilómetros de automóviles en fila en la ruta 2: regreso de vacaciones con angustia y retraso interminable para los turistas que iban a la costa. Los coches permanecieron detenidos en ambos carriles de la autopista a Mar del Plata las tres horas que duró el corte realizado por los trabajadores de una empresa láctea de Chascomús. La Policía reprimió con gases y balas de goma, lo que provocó una veintena de heridos leves.
Los empleados de la ex Gandara reclaman el pago de cuatro meses de sueldos atrasados y aguinaldo 2005. Además, denunciaron que la empresa Parmalat (que absorbió a aquella marca) mantiene paralizadas las actividades también en las plantas de Pilar, Trenque Lauquen y en las distribuidoras de Mar del Plata y Rosario. Aseguran que está en juego la fuente de trabajo de 850 operarios.
Para sorpresa de los pocos habitantes de esta zona rural bonaerense, el kilómetro 103 de la ruta 2 se convirtió en un caos casi urbano. Más de 20 camiones de Infantería, un helicóptero controlando desde el aire y cientos de automovilistas a los bocinazos fueron el marco de un conflicto que terminó con dos funcionarios policiales separados de sus cargos. Por “incumplimiento de las órdenes” (que consistían en impedir el corte) y “demoras en la intervención policial”, el ministerio de Seguridad provincial resolvió la prescindibilidad de Enzo Ienna, quien se desempeñaba como jefe Distrital de Chascomús y del inspector Rubén Eduardo Vila, segundo jefe de la Departamental Dolores.
La manifestación generó además la intervención del ministerio de Trabajo de la Nación en la búsqueda de una mediación entre las partes: se alcanzó la conciliación obligatoria por un período de 15 días. Mientras que los trabajadores deben suspender las medidas de fuerza, la empresa tendrá que abonar en 72 horas las sumas adeudadas.
Entre los reclamos, algunas culpas se dispararon para el propietario de la empresa, Sergio Taselli. Lo acusan del vaciamiento de Parmalat. Los gremialistas dicen que el empresario ya tuvo problemas en la concesión de los ferrocarriles -a través de la empresa Metropolitano- y en la explotación de los yacimientos de carbón de Río Turbio, pero que persiste en los negocios con “la ayuda de subsidios estatales”.
En el último día de enero miles de turistas salieron a la ruta para iniciar sus vacaciones y coincidieron con la vuelta de los veraneantes de la segunda quincena. En las horas pico pasan por las cabinas de peaje más de 45 automovilistas por minuto. Los conductores más impacientes, que fueron sorprendidos por el conflicto después de las 9, buscaron pasos alternativos como el camino Ferrari, una salida a la ruta 11. Otros no se animaron y decidieron esperar el final de la protesta.
El humo de los gases antimotines, policías en cabalgatas abruptas detrás de los manifestantes y el fuego de las barricadas de neumáticos fue la secuencia desordenada en el mismo lugar donde hasta no hace mucho tiempo ofrecían yogur como promoción al turista sin apuro. “Comprendemos la justicia del reclamo, pero yo también tengo que llegar a mi trabajo. Voy con los minutos contados y quién le explica a mi jefe todo esto”, reclamaba Arturo J., fuera de su Renault.
A la manifestación, se incorporaron más de mil trabajadores de la industria láctea, que llegaron en micros que estacionaron frente a la fábrica Gándara, a 5 kilómetros del lugar del corte. “Lamentamos los inconvenientes, pero hace meses que nuestras familias no comen y nadie nos escucha”, explicó a Clarín Ricardo Pecotche, dirigente de la seccional Chascomús de Atilra (la asociación de trabajadores de la industria lechera).
Con la última operación que realizó la empresa en octubre del año pasado -vendió 50 toneladas de leche en polvo- los empleados cobraron un adelanto de 400 pesos cada uno. Desde entonces, permanecen en las instalaciones, aunque no trabajan por falta de luz y materia prima.
Por: Mónica Galmarini. La Plata. Especial para Clarín.

