Cuando lo inesperado y lo trágico acontecen

(Por: María Elena Festa) – El domingo 4 de febrero era como cualquier domingo, estábamos cenando en familia, cuando un llamado de teléfono fue la marca entre un antes y un después, porque a pesar de que planificamos lo “por – venir” nunca terminamos de comprender que en realidad nosotros no manejamos plenamente el devenir de nuestra vida.

Mi madre desesperada solicitaba ayuda, mi padre se había descompuesto.

Corrimos todos y tratamos de hacer lo que pudimos dentro de la emergencia que acontecía sin tregua.

En esos breves momentos en que la vida se debate los minutos cuentan y media hora puede sentirse una eternidad.

El desenlace fue terminante, mi padre murió.

De todos modos esta historia que sucede a muchas familias en donde la muerte irrumpe de manera tremenda tiene a su vez otra contracara y por esto quise escribir esta nota.

Lo que a uno le queda después de una situación tan traumática son el recuerdo de las personas que en el medio de la tragedia fueron claves, por eso quiero destacarlas con un agradecimiento público:

– Al equipo médico y paramédico de Emerger, que esa noche sin siquiera preguntar quienes éramos acudieron con un equipamiento de altísima complejidad y a pesar de trabajar intensamente para salvar una vida, nunca dejaron de cuidar con afecto y contención a todos los familiares.

– Al doctor Oscar Sangalli, que estando en su casa, llegó de inmediato y acompañó todo el proceso de la emergencia, pero además él ha sido quien siempre ha estado al lado de mi padre en tantas circunstancia de sus últimos años, dándole mucho cariño y prodigando los mejores cuidados.

– A todos los que integran Sunchales Servicios Sociales porque en esos momentos tan difíciles nos acompañaron con paciencia, calidad en el servicio y siendo sumamente comprensivos con nuestros pedidos.

– A todos los amigos que nos dieron una mano para cada una de las cosas que teníamos que resolver, y que con su abrazo nos hicieron saber cuánto nos querían.

Siempre solemos criticar lo que no está bien, y tal vez es necesario poder volver la mirada y hacer un reconocimiento sencillo pero público para que sepamos que no todo está mal, porque a pesar de las nuevas tecnologías, sin un gesto humano no podríamos superar los momentos más difíciles de la vida.

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