El Recuerdo de Américo Aresca

(Por: Prensa Otoño Feliz) – Hace 12 años nos dejaba físicamente un personaje muy querido en la ciudad y que formara parte de la comunidad de hospedados en la Casa del Abuelo Otoño Feliz. Ese personaje se llamó Américo Aresca, quien, con su respeto y amplia generosidad, se había ganado el cariño no sólo del personal de la institución sino también de los abuelos que por ese entonces compartían la estadía.

Recordamos las veces que les llevaba las jugadas de quiniela, les compraba caramelos con las monedas que pedía, compartía con astucia las jugadas de truco, traía las novedades de la ciudad y fundamentalmente demostrando su bondad, alentaba con sus palabras a quienes estaban enfermos.

Acto reprogramado: Debido a las inclemencias climáticas, el acto homenaje previsto para hoy, será efectuado en el transcurso de los próximos días.

Orgullosos de haber podido darle acogida en los últimos años de su vida y hoy, al cumplirse el 12° aniversario de su fallecimiento, elevamos una oración en su memoria a la vez que renovamos los fervientes deseos que toda la comunidad adquiera como propia el ejemplo que nos dejara Américo.

Américo Aresca
(Por: Chela Lamberti) – Cada población tiene sus personajes. Hombres o mujeres singulares grabados en el recuerdo de los niños que se vuelven adultos y cuando la nostalgia los invade, rememoran el ayer con escenas y protagonistas agigantados en el espejo del tiempo. La historia nos otorga un nombre que no puede dejar de mencionarse porque sin él la ciudad perdería su cuota de inocencia proclamada a grandes voces.

¿Quién no conoció a Américo Aresca? Un grandote popular, con la ingenuidad de la infancia, amigo de toda la población. Cuando lo veíamos preguntándonos… “che, ¿va a llover?”, u ofreciéndonos volantes y números de lotería, cuando nos apretaba la mano con el “saludo de la paz” en el templo dominical, cuando gesticulaba y hablaba solo por la calle, nos sentíamos propietarios colectivos y legítimos de su identidad.

Ese grandote bueno devolvía dinero si lo hallaba, recorría todos los velatorios porque conocía cada dolor familiar, saludaba a todo el mundo con su sonrisa desdentada y supo conquistar innumerables amigos que lo protegieron y se sintieron sus hermanos mayores.

Fue el hombre que amó a este Sunchales como continente único de su existencia y sintió que los habitantes lo adoptaron con una paternidad exclusiva. Su imagen perdura en la memoria conjunta y un pájaro de metal en la Plaza Libertad como homenaje al Amigo Sunchalense -obra perteneciente al artista local Darío Carnero–, lo implanta en ese sitio transitado a diario, mirando hacia el oeste la avenida de sus recorridos, como ave de alas libres.

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