En los tiempos en que vivimos, donde todo parece indicar que lo de ahora es mejor que los de antes, es muy fácil escuchar, puntualmente cuando se habla de directores técnicos de fútbol, la frase: «Está viejo, le falta aggiornarse, todo cambió, ya pasó de moda o… le pasó el tren…», como si el fútbol se jugaría con tres pelotas o cuatro arcos al mismo tiempo.
Lo cierto es que más allá de la inactividad o de la edad misma, hay algo que no cambia, que no pasa de moda, y eso es la pasión por lo que uno hace, más allá de lo económico, lo cual tiene un plus de ventaja, cuando esa pasión es acompañada por la transpiración de los sentimientos.
Toda esta introducción tiene que ver con una persona, que a pesar de que no lo exprese, todavía lleva adentro ese fuego sagrado que lo acompañó gran parte de su vida, el de ser Director Técnico de fútbol, algo para lo cual él se preparo, se instruyó y en el mismo ejercer vivió distintas experiencias, en distintas categorías y clubes de la zona.
Es por ello que, cuando alguien suelta al aire su nombre y apellido como coordinador en el club de sus amores, él, solo sonríe y no agrega absolutamente nada, porque no es necesario, porque sabe que al igual que en la política, «vuelve a ser candidato», y que tiene muchas chances… de volver, perdón, de seguir, porque nunca se fue.

