El espacio, constituye un sitio en el cual un importante número de jóvenes de la ciudad encuentran un lugar en el cual compartir momentos, al tiempo que aprenden oficios, exploran sus posibilidades y reciben contención.
Comenzó hace más de dos décadas en lo que por aquel entonces era la Casa del Emprendedor, con un altillo estilo entrepiso, un par de mesas de trabajo y las primeras máquinas. Mientras allí los asistentes aprendían los rudimentos de carpintería y otras actividades lúdicas -caso títeres- abajo, las voluntarias preparaban viandas en una improvisada cocina.
El tiempo pasó, el proyecto creció y se afianzó y surgieron nuevos desafíos como lo fue el espacio propio. La remodelación de una vivienda permitió sumar en todo sentido: aumentar el número de concurrentes, incorporar talleres y salas dedicadas especialmente a aquello que se requería en el momento.
Hoy, el Taller «El Refugio», continúa con esta prédica, con el mismo objetivo y la humildad que los caracterizó durante tanto tiempo.


