Cuando pensamos en nuestro pasado, evocamos figuras, situaciones, un contexto que resulta complejo de imaginar. Las limitaciones propias de la época imponían desafíos constantes para quienes osaban adentrarse en tierras poco exploradas.
La presencia de pueblos originarios, distancias y riesgos diversos hicieron que se decidiera darle forma a una línea de fortines. Aún no se sabía pero estaba gestándose el cimiento sunchalense, la convicción de que este lugar era el que se requería para que las futuras generaciones se afincaran de forma definitiva.

Si bien existe documentación que sitúa esta decisión administrativa en otras fechas e incluso es complejo establecer un punto cero en todo lo relacionado a procesos históricos, como lo es en este caso la generación de una línea de Fuertes, ya que se trata de algo que se va construyendo de a poco, con la participación de diferentes funcionarios del momento quienes advirtieron esta necesidad, optamos por acompañar a quien nos da nombre y mantener este 11 como fecha de referencia.
Fue precisamente Basilio Donato quien refirió en sus escritos las órdenes del Teniente Gobernador de Santa Fe Prudencio María Gastañaduy, entre 1790 y 1796, para erigir estas fortificaciones, no pudiéndose hacer de inmediato por falta de fondos. Algunas ya mostraban presencias previas en la lucha por proteger la frontera norte de Santa Fe de las incursiones aborígenes.

