Mimí Ardú nació el 28 de febrero de 1956 en la ciudad de Rio Cuarto, Provincia de Córdoba, bajo el signo de piscis y mono en el horóscopo chino. Durante 11 años vivió en Sunchales, donde estudió en el colegio religioso San José.
Aprendió a nadar a los 5 años; a los 8 compitió por primera vez y durante muchos años ganó gran cantidad de medallas en los diferentes estilos, perteneciendo al equipo estable de natación del club Libertad de Sunchales.
A los 15 se recibió de Profesora de Música (piano) con la calificación: «10 sobresaliente y felicitado». A esa misma edad su familia se radicó en Buenos Aires.
Ese mismo año obtiene su primer trabajo en un Instituto de Ingreso a Filosofía y Letras como administrativa y ayuda escolar de alumnos de escuela primaria. Terminó sus estudios secundarios en el Liceo Nacional de Señoritas N° 12 de Caballito.
Estudió en la Facultad de Filosofía y Letras en la carrera de Psicología, antes de completar los estudios debido al caos reinante en dicha Facultad portergó los estudios por un año con la intención de retomarlos más adelante.
Repasar la historia de quien durante más de una década fue una sunchalense más, resultaría harto complejo, toda vez que sigue actualmente cosechando éxitos y reconocimientos, sumándose a numerosos proyectos televisivos, de cine, compartiendo cartel con figuras de primer nivel.

Así lo reflejó Clarín:
Club Libertad de Sunchales, Santa Fe, década del sesenta. En la pileta hay una sirenita que es una oda al movimiento. La llaman Mimí, nada en todos los estilos y profundidades y con cada repetición va sanando sus escamas. Una brazada, la magia del agua que se rompe y los límites que se esfuman. Adentro está a salvo, afuera la espera un hogar violento.
El cloro impregnado en la piel, el juego de los pulmones que se vacían y se vuelven a llenar, las medallas y los trofeos acumulados en las repisas. De todo eso se acuerda Mimí Ardú hoy, que está a punto de filmar la película Humo bajo el agua. La natación fue, tal vez, su primera clase de teatro, la piscina como escenario donde ganar confianza, flotar, romper las cadenas del cuerpo y del pensamiento.
“Aprendí a nadar a los cinco, a los ocho recibí el primer premio. Todo está documentado hoy en el museo del club. Yo era una nena color carbón de tanto sol. Fuera de mi casa la vida era maravillosa”, cuenta a los 65. “Me anotaba en todo lo que podía. A los 15 me recibí de profesora de piano. Jugué también al fútbol, integré el primer equipo femenino de Santa Fe. Todo tuvo que ver con mi instinto de preservación. Tengo una sensibilidad pavorosa y con eso lucho: con mi historia y con todo lo que tengo adentro”.

