
Desde que tuvo que reemplazar “casi por sorpresa” a Darío Kudelka, dejó demostrado que no necesariamente hay que tener pergaminos a cuestas o estar sumamente aggiornado para dirigir en un nivel tan exigente como el argentino “A”.
Con seriedad, responsabilidad, trabajo y convicción, logró llevar a Libertad a ser verdadero protagonista en cada uno de los torneos, ganándose el respeto ante cualquier rival, tanto sea de local como visitante.
“El grandote”, para quienes lo conocemos desde siempre, sabemos que es un tipo que desde chico maneja casi a la perfección los códigos, códigos de respeto, códigos para pelearle a la vida “de igual a igual” como cuando era un purrete y alimentaba sus primeras ilusiones en la canchita del barrio Cooperativo.
Parece duro, pero tiene el corazón de un chico, habla poco, casi lo justo y necesario, ¿para qué hablar..? si Libertad lo contrató para trabajar. “No vende humos”, “ni pide micrófonos”, solo se dedica a hacer lo que sabe, y lo hace muy bien, Libertad lo sabe y por eso le renovó el contrato.
Yo, desde lo personal, pensaba íntimamente que su ciclo en Libertad se había terminado y alguna vez se lo dije a él, con todo el respeto que me merece, porque entendía que había llevado a los aurinegros entre los mejores de la categoría y merecía “irse por la puerta grande”.
El decidió quedarse y lo respeto, ojalá que pueda seguir trabajando y logrando lo mejor para el y para su equipo, lo deseo de corazón, porque se lo merece.

