Una verdadera lástima, se fue Diego Núñez por decisión propia y tal vez sin darse cuenta dejó el barco con un marinero menos, perdón con un capitán menos, por que Diego junto a Matías Fler, era el ultimo capitán y sobreviviente de aquel equipo que logró el ascenso en San Juan, un histórico referente y ejemplo para los más chicos en el plantel.
Más allá de escuchar y leer conceptos y versiones en distintos medios periodísticos de la ciudad y de la zona (los cuales me merecen el mayor y mejor de los respetos), quiero decir que desde lo personal me siento verdaderamente muy triste.
Conozco a Diego, más de lo que muchos creen, y se dé su hombría de bien y de sus valores de vida, se dé su perfil bajo y de su sencillez y también se todo lo que luchó para llegar a ser “el arquero de Unión”.
Por todo eso y por mucho más, Diego merecía irse de otra manera, irse por la puerta grande, la que da a la calle Gaby Miretti y no en silencio y con la cabeza gacha, buscando sin encontrar demasiadas explicaciones.
Entiendo en un análisis personal y periodístico que fue una decisión apresurada, la cual respeto y acepto pero no comparto (y Diego eso lo sabe), porque este es el momento que Unión más lo necesitaba, tanto sea dentro de la cancha como sentado en el banco de suplentes.
Por que más allá de las diferencias con el técnico o los técnicos de turno, el más perjudicado es el equipo, y el equipo es Unión, ese mismo Unión que le dio la oportunidad de crecer en su vida deportiva y al cual él, le entregó absolutamente todo.
Ha sido un verdadero placer y seguramente lo seguirá siendo, el hecho de poder disfrutar durante varios años de la amistad personal de un gran tipo.

