
Volver al sitio sagrado donde nacimos, retornar a la escuela que nos cobijó llenándonos de conocimientos para afrontar la vida, reencontrarnos con maestros y quienes fueron niños entusiastas que hoy ostentan canas pero conservan la mirada y la sonrisa de aquel tiempo de patios amplios, subibajas y enormes eucaliptos. Todo conforma un sueño esperado por quienes fuimos partícipes de aquel tiempo sublime, pleno de entusiasmo, inocencia, carcajadas y momentos inolvidables. Un tiempo que no vuelve, pero queda grabado eternamente.
Todo estuvo allí, los recuerdos y el presente, el ayer y la inigualable emoción de los abrazos que borraron el peso ingrato de olvidos y ausencias. El recinto, impregnado de adornos excelsos y agasajos escritos, dibujos, banderas, canciones, frases y fotografías como testimonio perdurable, nos llenaron el espíritu despertando la gratitud por haber sido receptores de ayer y del presente.
Las autoridades santafesinas del ámbito político, cultural y docente estuvieron felizmente involucrados en el objetivo de conmemorar y celebrar el acontecimiento de cumplir 125 años de vida, según marca el alumbramiento que dotó el edificio para la Escuela N° 375 “Justo J. de Urquiza”, si bien hubo alumnos anticipados en otro recinto como narra la historia particular. Actuó como anfitrión, el Presidente Comunal José Álvarez manifestando su satisfacción y orgullo.
La proyección de fotografías durante el almuerzo en el Club Independiente se sumó a las entrevistas previas que se dieron a conocer. Las palabras de cada autoridad convocada sumó a la historia los elogios por el presente y la complacencia por los logros alcanzados. Cada grupo de trabajo como entidad escolar: Cooperadora, Club de Madres, etc., recibieron su justo homenaje a través de fidedignas imágenes. Grupos armónicos de cada pueblo laborioso abocados al crecimiento del faro luminoso que representa una escuela.
Nada quedó en el olvido. Los niños de hoy ocuparán mañana nuestros sitios en la historia y continuarán celebrando etapas, produciendo los reencuentros y valorando el bagaje cultural recibido. Para quienes hemos cumplido los roles de alumnos y docentes en esa misma escuela, se han duplicado las sensaciones. Al recibir el abrazo y el recuerdo de aquellos niños, hombres y mujeres del presente, nuestro corazón vigoriza el concepto sobre la maravillosa tarea de ser maestro.
Los abrazos y la decisión de compartir una fotografía como recuerdo para los días futuros traen la convicción de un sentimiento profundo. No se trata solamente de utilizar la tecnología moderna; el gesto es más íntimo y significativo, deseoso de que no se pierdan los rostros, los nombres, la infancia que nos vinculó y este reencuentro prodigioso.
Felicitaciones para el personal directivo y para cada una de las docentes involucradas, exalumnos y padres. La dimensión del agasajo nos vistió de recuerdos enriqueciendo el espíritu. Inefables sensaciones que jamás caerán en el olvido.
Según el filósofo, “el único exceso permitido es el de la gratitud”. Pues me permitiré cometer ese exceso aparente, que solamente será un justo reconocimiento a tan ardua y excelente labor de organización.

