
Después, en muy poco tiempo, le pasaron un montón de cosas que, sin querer, la fueron obnubilando, la fueron confundiendo. Los festivales de Atilra, las peleas del «Chino» Maidana y su trato muy particular con la campeona del mundo Yesica Bopp, momentos que le hicieron perder el equilibrio en su forma de ser, más aún en el trato con su gente.
Fue cuando se olvidó que era Romina Gorosito y se creyó que era Yesica Bopp, fue cuando se sintió dentro de un mundo que no le pertenecía, un mundo por el cual, estaba de paso y en carácter de préstamo.
Comenzó a tomar distancia entre sus más allegados, se formó una coraza y su rebeldía, por momentos se transformaba en soberbia, una soberbia que no la llevó absolutamente a nada, o sí, la llevó a algo, a tocar nuevamente el fondo y a entender que, más allá de todo, nunca había dejado de ser Romina Gorosito.
Había boxeado muy mal perdiendo las últimas cuatro peleas. Su tío y entrenador, Miguel Blanco, la hacía practicar pero no la dejaba boxear y hasta la había amenazado con devolverle la licencia para que se fuese a boxear donde ella quisiera, más allá de que nunca dejó de asistir al gimnasio del barrio 9 de Julio.
Hasta que llegó la noche del viernes, cuando su compañera Eliana no dio el peso y su tío, con convicción le dijo: «Vos Romy, la vas a pelear». Entonces, casi sin darse cuenta Romina, se encontró cerrada entre 12 cuerdas, con Mayra Ulmann enfrente, Mayra Ulmann que preparaba su viaje a Buenos Aires en busca de una chance para integrar la selección Argentina, más allá de ser la campeona provincial de la categoría.
Sonó la campana y por su mente, apareció su viejo en bicicleta en busca de un lugar sin destino, su vieja barriendo una calle de la ciudad y se acordó cuando el techo demasiado bajo de su humilde casita, le calentó con mucho rigor la cabecita, en el momento que, intentaba cerrar los ojos para dormir la siesta, fue entonces cuando volvió a darse cuenta de que, aun, era Romina Gorosito.
Después, cuatro rounds, de una pelea que con mucha autoridad ganó, a pesar de que los jurados fallaran empate, algo que por ese entonces no importaba demasiado, porque Romina, la primera dama, le había peleado de igual a igual a la campeona provincial y preseleccionada nacional.
Fui a saludarla a vestuarios, estaba con sus piernas extendidas y relajadas, no tenía ni los auriculares puestos, ni la música sonaba fuerte, como tampoco en su pecho aparecía el estampe con la figura de Yesica, la campeona del mundo, estaba absolutamente auténtica. Era Romina Gorosito, “la negrita” del barrio Villa del Parque, la que practica en el barrio 9 de Julio, la sobrina del Cuky Blanco, la que, al igual que el ave Fénix, en la noche del viernes, resurgió de las cenizas.

