Habitualmente, para quien practica este deporte, es fundamental saber levantarse cuanto te toca caer, sea por un golpe de un rival, o de la vida misma…
Se vendó las manos, se puso los guantes y por primera vez, subió al cuadrilátero aquella noche calurosa de verano en el Barrio 9 de Julio, sabiendo que había elegido un deporte donde su futuro dependía pura y exclusivamente de el…
En esto de hacerse camino al andar, más allá de sus comienzos con Miguel Blanco, un día eligió, el galponcito de la avenida Eva Perón, en Barrio Moreno. Fue allí donde se encontró con Juan Carlos Toledo, su nuevo maestro, pero esa ilusión de perfeccionarse, no duró demasiado, porque un día su maestro se fue al cielo y nunca más se abrieron las puertas del galponcito que alguna vez fue un taller de chapa y pintura.
Fue su primer caída dura, donde se puso de pie, escuchó el conteo hasta ocho y esperó que el árbitro le de el pase, se fue al centro del cuadrilátero, se consiguió un par de guantes, colgó una bolsa en su casa y siguió pegándole para que nunca deje de bambolear.
Después, aquella noche, posterior a un acto eleccionario, su mamá, que había estado trabajando para la radio durante todo el día, también eligió el mismo camino que su maestro. Y el pibe de ojos brillantes y llenos de esperanza, volvió a «besar» la lona…
Otra vez el conteo de protección, otra vez la mirada de reojo al rincón como «para que no le tiren la toalla», pidiendo casi desesperado que le den un round más, el round que merecía, como se dice en el boxeo, «el round del campeón»…
Hoy, «el Melli», Juan Manuel Ortiz, está nuevamente de pie, y con más de 25 peleas en el campo amateur, volvió a combatir en Salta, con un importante empate, resultado que le fortalece aún más el convencimiento de saber que si se quiere, se puede, porque en este deporte no tiene tanta importancia saber cuántas veces caíste; en este deporte, como en la vida, lo importante es saber levantarse.

