(Por: Hugo Acuña *) – El 26 de julio de 1952 no es un día más para la liturgia peronista. La muerte de Evita, es una de nuestras principales fechas históricas que marcaron un rumbo en Argentina.
En esa Argentina crecieron muchos compañeros de los que hoy algunos están gobernando y otros nos mantenemos militantes, pero todos éramos «evitistas», donde había discusiones acerca de muchas cuestiones.
Porque Perón enseñaba, pero Evita conmovía y sigue conmoviendo y conmocionando, es algo diferente. Es la sensación especial que uno siente cuando la ve, que no se puede describir, frágil en apariencia, pero tal vez con la fortaleza que solo dan quienes están absolutamente convencidos de cuál es el camino, de cuáes son sus ideales, de cuáles son los intereses que debemos representar.
Hoy, 57 años después de su desaparición física, la recordamos como ejemplo de lucha, trabajo y de amor a la Patria y su gente.
(*) Secretario general de la Unidad Básica Gaby Miretti.

