
Fue un viaje al ayer, hacia la llegada de nuestros abuelos gringos. Ahí estuvimos, en aquellas jornadas de ingreso al Hotel de los Inmigrantes. Argentina necesitaba brazos para labrar la tierra virgen, amplia.
Una Europa doliente expulsaba hombres, esencialmente hacia tierras de paz y trabajo. Las excelentes gigantografías y la fecunda narrativa del profesor nos ubicaron en la escena y en el tiempo para sentir como nuestros abuelos inmigrantes, llegados en busca de un mañana mejor.
El Museo Histórico Nacional se trasladó al Museo “Alfredo Cappellini” de la Sociedad Italiana de Sunchales y durante tres jornadas (15, 16 y 17 del corriente) pudimos vivir reubicados históricamente para vibrar en fuertes sensaciones con herencia de sangre. Algunas familias contaron con la riqueza de los testimonios que se encuentran en la base de datos del Museo de la Inmigración proveniente de las Actas de ingreso al país entre 1882 a 1953, donde consta el barco con que arribaron y otros datos particulares. Generosa constancia que tiembla en las manos de quienes ostentan idéntico apellido. Preguntas y respuestas, la apetencia saciada por los dos excelentes profesores.
También los alumnos de las escuelas en todos sus niveles recorrieron la muestra, saciaron la curiosidad e incrementaron su sabiduría. El público adulto puso de manifiesto su interés y complacencia, estableciendo diálogos interesantes.
Traer el ayer al presente diluye sombras, ilumina las mentes y acelera el corazón con sus sensaciones. Los visitantes pudieron recorrer espacios recuperados, informarse con la Línea Cronológica, apreciar otros elementos recuperados y valorar el intenso trabajo que desde la Comisión Directiva viene desarrollándose para mantener nuestro Museo, tal como lo vislumbraron los pioneros, allá por 1891.
La Declaración de Interés Municipal entregada en la noche final por Andrea Ochat coronó los esfuerzos de la Subcomisión Organizadora.


