Furia de una mañana de domingo

Desde las primeras horas de la mañana y hasta el mediodía se escuchó el ruido de las motoguadañas efectuando su tarea en el predio donde se erige la iglesia Evangelista del barrio 9 de Julio. La limpieza de maleza ubicada sobre el tejido perimetral fue una parte de la labor realizada junto con el corte de varios árboles que se encontraban en el interior y que poco o nada molestaban.

Con suma eficiencia, los encargados de la tala fueron dando cuenta uno a uno de los ejemplares sin ninguna preocupación de si se cortaban troncos añosos o árboles recién nacidos. Todos sufrieron la misma suerte. Azorados, los vecinos veían el espectáculo y notaban cómo las ramas iban poblando la vereda del lugar (y casi con seguridad permanecerán, como mudos e impotentes testigos durante esta semana hasta tanto pase el servicio de recolección municipal a retirarlas).

Si bien la legislación en este sentido es clara y deja al libre arbitrio de los dueños del terreno la decisión acerca de qué hacer, cabe una reflexión acerca del “daño” que propiciaban los paraísos allí ubicados. Bien podrían, comentaron vecinos y transeúntes, haberlos podado mejor, sin tener que talarlos así. El lugar ha quedado limpio y ordenado pero el costo ha sido elevado.

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