Ayudar, participar, pertenecer, colaborar, comprometerse… ¡son tantas las hermosas palabras que definen las acciones de los seres humanos comprometidos con la sociedad que los integra! Seres especiales, con un profundo sentido humanitario para socorrer a otros en situación de enfermedad, accidente o cualquier otra contingencia. Seres alados en busca del bienestar ajeno, olvidando quizás las propias necesidades.
Así podríamos definir a Glenda Bacher de Viotti, ser de luz que iluminó el sendero particular o colectivo de la ciudad. El compromiso con la solidaridad sobrepasaba las demás acciones. “Llevar el plato de sopa o la comida caliente para los abuelitos…”, se lamentaba si algo no podía hacer debido a problemas de salud.
Su participación más fecunda la desarrolló frente a la Cooperadora del Hospital «Almícar Gorosito». Ella evocaba la integración del Hospital al área de Acción Social Municipal, porque los pacientes recibían mayores beneficios gracias a las recaudaciones que facilitan la atención de mayores complejidades entre los pacientes.
En una época les hacían llegar leche en polvo y también les entregaban las cajas vacías que luego las vendían a una papelera de Paraná. Se concretaron importantes compras de instrumental para facilitar la tarea de los profesionales.

Perdimos a una mujer muy activa
Glenda Blacher de Viotti ha dejado en la ciudad y la zona un gran vacío en cuanto a participación comunitaria se refiere, abarcando con sus decisiones las mejoras en salud esencialmente, así como en una diversidad de acciones solidarias, siempre dispuesta y generadora de gestos colectivos para solucionar problemas que demandaban resultados urgentes y eficaces.
Lo que fue para su familia…
“Fue una persona muy solidaria, muy activa. Ayudó muchas personas con el tema del Hospital, se movía para conseguir todo lo que la gente necesitaba. La Municipalidad la destacó y reconoció sus actividades con motivo de las Distinciones que se entregan en octubre bajo el título Antiguos Pobladores de Sunchales. No podía caminar y quería llevar comida para los abuelitos enfermos”.
“Ahora hay un recipiente en la plaza para depositar tapitas, pero no sé cómo se distribuyen”, afirma su hija-

