El 1º de mayo se conmemora el Día del Trabajador en la Argentina y en la mayoría de los países del mundo, pero también el 1º de mayo es el día en que se dictó nuestra primera constitución, allá por el año 1853, hecho que debiera tener un lugar relevante en el calendario. La Constitución Nacional es la Ley Suprema que guía los destinos del país. Su contenido es catecismo para los ciudadanos de una nación.
La constitución le confiere a cada nación el estatus de Estado, situación que la pone en un pie de igualdad con sus pares del mundo, por estar organizada conforme a normas favorecedoras de igualdad y libertad para todos sus habitantes.
A nuestro país no le fue sencillo obtener su primera Carta Magna. Luego de la Revolución de Mayo de 1810, la Asamblea del Año XIII, no había logrado el objetivo fundamental de dictar la tan ansiada constitución, y las redactadas y nunca aprobadas de 1819 y 1826, lejos de reunir convicciones, alertaron las ideologías, enardecieron ánimos para dejar a la nación sin rumbo. Los esfuerzos llevados a cabo en 1810 y 1816 viajaban en un baúl de rencores. Buenos Aires y el interior no encontraban puntos comunes, como si las aguas que rodeaban el territorio se hubieran introducido en el continente y los separara.
Será en 1852 que, derrotado Rosas, Justo José de Urquiza asume el compromiso de darle al país una constitución. No sin obstáculos, reunió a los diputados de provincias para sesionar en pos de la Ley Suprema y el 1º de mayo del año 1853, el Congreso General Constituyente reunido en Santa Fe sancionó la Constitución Nacional. Ese documento, hijo de la pluma de Alberdi, tenía el objetivo de organizar el país, dejar atrás las diatribas y poner en marcha una nación que, huérfana de ordenamientos, caminaba por un sendero cargado de inútiles rivalidades. El 9 de julio del mismo año, todas las provincias la juraron, pero como no podía ser de otra manera, solamente Buenos Aires rehusó su acatamiento.
Buenos Aires se había separado de la Confederación de provincias. Había adoptado una política autónoma, la que, sin embargo, no pudo impedir que la Confederación Argentina sancionara la Constitución Nacional en 1853. Fueron necesarias dos batallas: la de Cepeda y la de Pavón, y la muerte de soldados, para que una sola nación y una sola Constitución nos diera el rango de Estado nacional. ¿No son argumentos válidos para que el 1º de mayo nos detengamos a celebrar dicho acontecimiento de la misma forma que se hace con otras efemérides?

Resuelto el problema a través de las armas, la Constitución sufre la primera reforma. En 1860 se modifican algunos puntos, que sin duda satisfizo a Buenos Aires. Empezaba el camino de la organización nacional bajo el imperio de la Reina del Plata.
La Constitución Argentina está dividida en tres partes: Preámbulo: resume los objetivos de la Carta Magna; Primera parte: Declaraciones, Derechos y Garantías; Segunda parte: define el gobierno nacional, los provinciales y la división de poderes.
En los años 1866 y 1898, tuvo dos nuevas reformas, pero será la de 1949 la que agregará en su primera parte los derechos del trabajador (Art. 14 bis). La misma se incluye dentro de la corriente jurídica mundial del constitucionalismo social y entre sus principales normas incorporó los derechos de Segunda Generación (laborales y sociales), la igualdad jurídica del hombre y la mujer, los derechos de la niñez y la ancianidad, entre otros.
La última reforma tuvo lugar en el año 1994 y en ella los tratados internacionales de derechos humanos adquirieron rango constitucional. Se reconocieron las garantías de amparo, habeas corpus y habeas data. Se incorporaron una serie de derechos, llamados de Tercera Generación: al medio ambiente sano, la utilización racional de los recursos naturales, la protección de los intereses de los consumidores y usuarios, el secreto de la fuente periodística y los derechos de los pueblos indígenas.
Hay que conocerla. Cada 1º de mayo debiéramos darle un lugar especial, hacer que cada ciudadano la reconozca en los actos de gobierno, porque ahí están plasmados sus derechos y deberes. Estoy convencida de que la dictadura se valió en gran parte de la ignorancia del pueblo sobre su contenido para quebrantar los derechos y garantías durante décadas, al punto de haber sido aplaudida por sus violaciones.
En cada hogar, en cada aula de escuela, la Constitución debiera estar a mano. No está vedada a los juristas, abogados o políticos. Ceder los espacios, implica el abuso que otros puedan hacer con ella. Está escrita para el pueblo que vive en un territorio bajo ciertas normas, ciudadanos de la patria-nación. Nos cabe a nosotros la obligación de difundirla.
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Griselda Bonafede.

