La prevención de adicciones comienza en casa – Parte III

Decir no a las drogas

Elegir con criterio es lo mejor que puede aprender un hijo.

Desde que los hijos nacen, la vida del hogar gira en torno a ellos. Cómo educarlos y darles herramientas para vivir mejor en el futuro.

Educar es ayudar a crecer en libertad y responsabilidad, tendremos que ayudar a nuestro hijo a aprender a tomar decisiones.

Hay padres sobreprotectores o dominantes que incapacitan a sus hijos para decidir, ya que por miedo a que se equivoquen o sufran o por afán de manejarlos en todo, coartan su libertad de elegir y su responsabilidad para asumir los resultados de esas elecciones. Sumado a esto las conductas imprudentes, la inseguridad, la falta de medición de peligros, la búsqueda de nuevas experiencias, de placer, de evasión y otros factores individuales que caracterizan a los jóvenes pueden ser generadores de adicciones en nuestro hijo.

Un hijo que toma decisiones sentirá que participa activamente, en el rumbo de su propia vida y eso será el mejor estímulo para crecer en madurez personal

Aprender a tomar decisiones es un proceso que implica.

· Definir el problema u objetivo,

· Recoger la información que podamos sobre él.

· Ttener claras las alternativas, y sus consecuencias.

· Llevar a la práctica la decisión.

PARA ENSEÑAR A NUESTRO HIJO A TOMAR DECISIONES ENEMOS QUE CONOCER BIEN….

¿CÓMO ES NUESTRO HIJO?

Cada hijo es diferente, y diferente ha de ser también la forma en que enseñemos a pensar, valorar, optar… Tendremos que apoyarnos en sus puntos fuertes, al tiempo que fortalecemos los débiles.

De una forma general, es posible establecer cuatro estilos personales:

El impulsivo: primero actúa y luego reflexiona… y se lleva las manos a la cabeza, porque las consecuencias son a menudo negativas. Tendremos que ayudarlo en la reflexión: invitándolo a dar razones de su elección antes de actuar, alentándolo para que busque varias opciones entre las que decidir y explicándole cómo puede valorar sus pro y sus contras.

El indeciso: al contrario que el impulsivo, este hijo reflexiona todo antes de decidir. Tiene tanta aversión al riesgo que puede perder la oportunidad de tomar una decisión. Lo podremos ayudar proponiéndole un límite de tiempo en el que decidir, dándole muchas oportunidades en las que tenga que elegir una opción para crear el hábito, y fortaleciendo la seguridad en sí mismo con las palabras de ánimo.

El rígido: este hijo no se plantea siquiera la necesidad de tomar decisiones, ya que hace siempre las cosas del mismo modo, «porque siempre las he hecho así». Necesita que le sugiramos nuevas alternativas con mayores ventajas, tendremos que encontrar la manera de hacerle ver el valor de la información previa antes de tomar una decisión, razonarle aquel refrán «rectificar es de sabios», y hacerle entender que siempre se puede mejorar y sacar lecciones en la vida.

El prudente: probablemente es el niño mejor preparado para tomar decisiones, ya que sabe lo que quiere y cómo lograrlo, arriesgando únicamente lo necesario. Es lento en la reflexión y rápido en la ejecución.

Habilidades Interpersonales y Resistencia a la Presión de Grupo

Las Habilidades Interpersonales para relacionarse y comunicarse eficazmente, parecen estar relacionadas con el inicio del consumo de alcohol u otras drogas por algunos jóvenes. Debido a que el primer consumo se realiza generalmente en una situación social, cuanto más confianza tengan los jóvenes en sus decisiones de no consumir, y mejores sean sus habilidades para comunicar esta posición, más capaces serán de resistir la presión de grupo; en relación con el consumo de drogas.

De los trece años en adelante, y a veces antes, los niños buscan parecerse a sus iguales separándose de sus padres para ser ellos. Pero curiosamente, muchos sólo consiguen llegar a ser idénticos a sus pares. Porque les falta seguridad para poder desarrollar una identidad propia. Y cuando carecen de ella, caen fácilmente en la tiranía del grupo. Es entonces cuando el «todos lo hacen» se convierte en norma de vida: Esta situación, tan común hoy día, se da principalmente por dos factores: una familia sin peso y una personalidad sugestionable -autoestima baja- .

Familia con peso

Por miedo a la reacción de sus papás muchos adolescentes se cierran a la opinión de su casa en temas tan importantes como la droga. Entonces la opinión del grupo, muchas veces equivocada, prevalece y la familia va perdiendo peso. Y en la adolescencia los pesos son claves. Una familia puede ser buena, alegre, unida, pero no tener un grado de importancia suficiente para sus hijos. Y eso es grave.

Factores que aumentan el peso y la protección de la familia sobre sus hijos, haciéndoles más seguros y menos vulnerables al grupo.:

* Padres preocupados de la salud física y biológica de sus hijos. Un niño cansado se desconcentra. No entiende nada porque tiene hambre y sueño. Entonces se porta pésimo. El colegio lo castiga, los padres lo retan, el niño se rebela y se refugia en los amigos. Otro ejemplo: un joven que ha pasado en fiestas viernes y sábado y el lunes tiene evaluación, estará reventado. Si un amigo le ofrece un par de «dosis» para estar alerta, quizás acepte.

* Límites bien definidos, orden y horarios que se cumplen. La seguridad, que es la segunda necesidad básica de todo ser humano después de tener techo y alimento, la dan las reglas no rígidas, pero sí sostenidas y permanentes en el tiempo. Si la seguridad y orden no la encuentra en su casa, el hijo la buscará en otra parte: el grupo con sus propias reglas.

* Mostrar el amor. Una persona segura es alguien que se sabe cuidado y protegido y por lo tanto querido. Los adolescentes reclaman cuando sus padres los pasan a buscar o les ponen límites de horario o les niegan determinados panoramas. Patalean, gritan, se enojan, pero se saben protegidos, queridos. «Pero si mi hija ya tiene 16 años», reclama una madre que se niega a controlarla. «Llegué el otro día a las 5 de la mañana pasada a trago. Mi mamá dormía y ni lo notó. Es que no le importo», cuenta la misma hija.

* Abrir la casa. Si el “living” está recién tapizado y nadie -ese nadie son los amigos de mis hijos- se puede sentar, mejor no invitar e irse… adivine adónde. ¡Lógico!, a un lugar donde no haya una mamá. Propicia ocasión para iniciarse en el trago.

Padres catastrofistas

Tal vez la mejor manera de perder peso como familia sea la actitud catastrofista de los padres. Es decir, ante algún cuento de un hijo, censurar, desesperarse y prohibir. Lo prudente es conversar -no interrogar-, teniendo espacios de diálogo.

Se puede afirmar que, en general, ante una comida rica, en un ambiente grato y con unos padres más bien callados, los hijos empiezan a soltar. «¿Te cuento? Juan se curó el otro día en la fiesta». Si los progenitores en vez de horrorizarse, escuchan y luego plantean un diálogo como el siguiente, la familia empieza a tener un peso insospechado en el hijo: “¿qué piensas tú de lo que él hizo?, ¿tú tomaste?, ¿qué piensan los hermanos de esto que pasó?». Entonces los padres con tranquilidad dan su opinión al respecto y luego sugieren: «¿Te atreverías a decirle a Juan lo que le puede pasar si sigue tomando?».

Pedir ayuda es visto socialmente como un signo de debilidad. Dejar que la gente se entere que hay problemas se identifica con sentimientos de inferioridad.

Mantener estos problemas ocultos implica aumentar su gravedad y las consecuencias derivadas de ello pueden ser ya avanzadas o irreversibles.

Sumate a esta campaña de prevención de adicciones junto al Refugio, consultá si tenés dudas al: 15446838 y 15666733 Mail: elrefugio@soon.com.ar

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