
Los Tigres venían de caer ante Gimnasia, en el sur y con Boca en Capital Federal. Tuvieron más días de descanso al reprogramarse el partido ante Obras (que irá el miércoles televisado) pero poco pudieron hacer ante un sólido 9 de Julio que durante casi todo el partido fue el único equipo en la cancha. Tampoco sirvió para aprovechar la caída de Peñarol ante Sionista (79-65).
La tercera derrota consecutiva preocupa por el nivel de juego demostrado por una plantilla que nunca le encontró la vuelta a su rival que hizo las cosas simples: jugó, se pasó la pelota y fue solidario en defensa.
Promediando el tercer chico, Treise reunió a sus compañeros y con claridad les hizo un pedido: «juguemos como equipo». Pareció que a partir de allí se evidenciaba una remontada pero la endeble defensa aurinegra hizo naufragar pronto la reacción que los llevó a estar 15 puntos abajo y con la pelota. De haberse puesto en partido, podría ahora hablarse de otro desenlace, tal vez.
Antes y después, el partido fue un verdadero calvario para los de Demti que sufrieron desde la mitad del cuarto inicial dudas en ambos aros. Por momentos, incluso, ver los 35 puntos de la visita no era tan preocupante sino más lo hacían los escasos 31 convertidos por el local en los primeros 20 minutos.
Tras el complemento, los cordobeses salieron muy concentrados, sabiendo que se habían encontrado con un partido diferente al planificado y que la victoria dependía de ellos. Así fueron estirando ventajas, recuperando y corriendo para redondear un 13-32 que enmudeció al estadio. Con una veintena de puntos de diferencia, sólo había que hacer correr el reloj y así lo hizo Sportivo que se vuelve con una gran sonrisa.
La presentación de William Graves fue altamente auspiciosa, con 22 puntos fue el máximo goleador de la noche y supo ponerse el equipo al hombro por momentos. Del otro lado, Luchino tuvo su partido soñado, con 21 puntos (y solo 2 lanzamientos errados en todo el juego), bien acompañado de Cowan con 20 y Ayarsa 19.
Planilla completa del partido.

