Lo que vale un café

(Por: Kity Malano – Para: Misión Owen) – En alguna parte de su discurso, Owen Guillermo Crippa habla de útiles escolares.

Hasta ese momento, hemos escuchado al aviador que, con huevos de acero, atacó en solitario a la flota británica en la Guerra de Malvinas. Su narración detalla el marco geopolítico internacional y la concatenación de tristes decisiones que nos metieron en una guerra llena de responsables, víctimas, y también de héroes.

Estamos en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Córdoba y, a medida que escucho al teniente, me interesa percibir esa manera suya de meter a su público dentro del relato. La atención que concentra tiene siempre otros destinatarios. Owen cuenta lo que vivió y procura que en esa historia haya lugar para sus camaradas, con nombre, apellido y rango.

Es un divulgador. Lo sabe y lo aprovecha. Es inteligente en el lenguaje y en los silencios.

Conoce los hechos desde adentro. Nosotros podemos escucharlos de su boca, mirar su rostro serio mientras recuerda, advertir cuánto de aquel vuelo sigue ocurriendo en el hombre que tenemos enfrente.

Owen, en la Facultad de Derecho de Córdoba (Misión Owen).

Ahora está contando cómo quiere construir un museo donde quedará emplazado el avión con el que combatió en Malvinas, en homenaje eterno. Pide una colaboración equivalente a un café y una medialuna. Su equipo le ha sugerido que eleve el monto, pero él insiste en mantenerlo al alcance de todos. Quiere que cada persona pueda participar de ese sueño con lo que tiene en el bolsillo. Pienso que hay una continuidad entre su manera de recordar a los veteranos y su manera de convocar a quienes pueden ayudarlo: en ambas, Owen se ocupa de hacer lugar para que entren los patriotas.

Entonces elige distinguir —con su voz grave— a cierta gente que aporta, grano a grano, todos los meses. Personas de bajos recursos que separan una pequeña suma y la transfieren con constancia religiosa. Cuenta que, en marzo de 2026, algunas le pidieron disculpas por no haber transferido ese mes, por faltar al compromiso: empezaban las clases y tenían que comprarles los útiles a sus hijos.

Entonces, el llanto no lo deja seguir.

Intenta vencer las lágrimas en silencio —nunca lo oiremos sollozar— y todos estamos ahí, viendo a Owen Crippa llorar por unas disculpas que alguien creyó que le debía.

Fascinante, poético, hermoso.

El aula aplaude. Es el aplauso más cálido que recuerdo haber escuchado. El museo ya ocupa un lugar en la vida de Owen y de esas familias. Empiezo a comprender con mayor precisión lo que Misión Owen significa para los oficios. Quiero que sepamos relatar esto. Que quienes trabajan con la organización, la diplomacia, la escritura, la comunicación, el protocolo, las cámaras, la arquitectura, la construcción, la formación educativa y el montaje sepan conservar la relación entre las palabras del teniente y lo que le cuesta pronunciarlas. Que quien conozca vuestro trabajo pueda acercarse a este hombre y entender por qué su historia continúa reuniendo voluntades. (Cada vez más voluntades, por cierto). Acompañar a una leyenda viva exige intención y atención a la causa: a lo que recuerda, a quienes incluye, a lo que todavía espera hacer en esta vida.

En la reciente Odisea de Nolan hay una escena fuerte de posguerra: los soldados oscuros sobre la playa de arena negra. Odiseo llega al inframundo y encuentra entre los muertos las consecuencias de sus propias decisiones. Sinón le habla; los demás tienen la presencia inquietante de una multitud que todavía espera algo de él. La escena deja al héroe frente a los hombres que hicieron posible su regreso de la guerra y quedaron fuera de él. Pienso en lo que significa sobrevivir y elegir transitar la vida narrándola. En conocer los nombres de aquellos soldados que, vistos de lejos, parecen todos el mismo. Cada uno tenía una vida a la que volver. Pienso en la responsabilidad de Odiseo de guardar su memoria, de contar también lo que les ocurrió.

Cuando vuelva a casa y le pregunten por su viaje, tendrá que encontrar las palabras para hablar de ellos.

Y hacerse cargo de ser quien es.

Owen, disertando en Córdoba.

El avión tendrá su lugar físico. Lo que parecía imposible ya se siente inevitable. Alrededor de él, Owen quiere mantener vivo el recuerdo de la gesta de Malvinas y hacer de su propia hazaña un punto de partida para conocerla, para pensar qué significa querer a la patria. Formar a formadores, diplomáticos y gente de bien. Honrar a sus compañeros veteranos, recordar a los caídos y transmitir ese sueño final que sigue guiando sus días cuando recorre salas y universidades de toda la Argentina, en compañía de un pendrive y un puntero láser. A sus 75 años.

Los demás solo tienen la única responsabilidad de ayudar a que esa memoria llegue a otras generaciones.

Soy amante de las historias. Creo que todos tenemos una historia épica para contar, porque eso es la vida en este planeta. Pienso en quienes algún día recorrerán ese museo. Sería hermoso que, junto a la historia del avión, pudieran conocer la de todas las personas que ayudaron a traerlo hasta allí. Incluso la de quienes, un mes de marzo, tuvieron que interrumpir su aporte para comprar útiles escolares.

Tal vez un día esos hijos entren al museo con sus padres. Mi sueño es que alguien les cuente, con lujo de detalles, por qué Owen lloró cuando supo de sus cuadernos.


Las donaciones para construir el Museo las recibimos con transferencias al alias MUSEO.OWEN, a nombre de Asociación Civil Mision Owen (Banco Macro), Muchas Gracias! (enviar comprobante por mensaje privado).

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