Manuela Pedraza, una mujer emponderada con el deseo de libertad

Cualquiera sea la formación de cada uno, la invasiones inglesas acaecidas en 1806 y 1807 están en algún lugar de la memoria y me animo a decir que surge rápidamente la idea de aquel aceite caliente que desde los balcones lanzaban los habitantes de Buenos Aires a las tropas inglesas, aunque también lo recibieron nuestras milicias.

Las mujeres por esa época mantenían un rol subordinado al hombre; algunas esperaban un buen matrimonio elegido por los padres, otras se sabían en el convento; muy pocas eran reconocidas por sus méritos o habilidades y otras llevaban en sus venas el ansia de libertad, derecho que reconocían como un bien común independiente del sexo.

«Durante la invasión las mujeres porteñas tuvieron la ocasión de hacerse notar, ya sea por por cierta actitud tilinga de algunas integrantes de la élite como por el papel valeroso desempeñado por mujeres del bajo pueblo a la hora de denunciar a los invasores y combatirlos” (Camogli Pablo 2017).

Entre las últimas surge la figura de Manuela Pedraza. La historia relata que esta mujer se pronunció rápidamente contra los ingleses que tomaron Buenos Aires. Las memorias de un soldado develan que una noche en una posada donde Manuela servía a soldados criollos, la mujer se acercó al grupo de porteños y los interpeló: «Desearía, caballeros que nos hubiesen informado más pronto acerca de sus cobardes intenciones de rendir Buenos Aires”. Cualquiera puede imaginarse el asombro en las caras varoniles.

No fue esa su más valiente acción, Manuela durante la Reconquista contra los ingleses acompañó a su esposo quien era soldado del regimiento Patricios. Como una bala enemiga hirió a su marido, tomó su fusil y dio muerte al inglés.

Liniers, el virrey en apuros, envía en su Parte: “No debe omitirse el nombre de la mujer de un cabo, llamada Manuela, la Tucumanesa (era nacida en Tucumán) que combatió al lado de su esposo y mató a un soldado con su fusil”. Vale un aplauso para el virrey quien no omitió destacar tamaña hazaña por parte de una mujer.

Así, mientras las mujeres de las clases elitistas se excitaban con productos ingleses que había traído la invasión y probaban perfumes y jabones de lujo, otras se ponían al frente de la lucha. La historia está marcada de dicotomías y el rol de la mujer en estas instancias de lucha, no fue la excepción.

Manuela Pedraza ha sido honrada por la historia. Calles e instituciones llevan su nombre y los nuevos historiadores no le niegan espacio en sus páginas.

Manuela Pedraza, su nombre es ya una roca. Se hincha el pecho al leer sobre ella. No necesitó la aprobación de nadie, ni la ley que la amparara para ponerse al lado de su esposo en la lucha por la libertad y al frente, después, para tomar su lugar.

No necesitó signos, ni símbolos para emponderarse; tampoco le era necesario un periodismo ideológico porque sabía quiénes eran los enemigos y quiénes los vendepatrias y no les tuvo miedo porque la libertad de su tierra era el valor más preciado; Manuela sabía de prejuicios y discriminaciones ya que había tenido que huir de Tucumán por ser madre soltera.

Por las venas de esta digna representante del sexo femenino, corría la convicción y el deseo de libertad. Es uno orgullo tenerla entre las mujeres valientes de la historia. En estos días en que las mujeres celebrarán su día y serán hoomenajeadas de diferentes maneras, elevo un reconocimiento a Manuela Pedraza, mujer emponderada con una sólida idea: la libertad de los pueblos.

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