(Por: Roberto Zelaya *) – El pasado jueves, en la Casa de la Cultura de la ciudad de Sunchales, se llevó a cabo el estreno para la prensa, funcionarios e invitados especiales, de la obra: «Noche de Reyes», de William Shakespeare, bajo la singular adaptación, dirección y puesta en escena de Gabriel Fiorito.
En todas las obras de Shakespeare, los enredos son una de las herramientas esenciales para las idas y vueltas, transformando tragedias en comedias, y si me atengo a lo dicho por el brillante director y dramaturgo argentino Mauricio Kartun, cuando afirma “sobre la naturaleza inigualable de cada función teatral y la experiencia de lo vivo…”. Después de esa fiesta de color y dinamismo que fue esta versión, afirmo sin lugar a dudas que asistir a cada muestra de Gabriel, es encontrarme con algo nuevo, algo distinto, algo que despierta en mí las ganas de volver a ver teatro, de revivir las sensaciones y emociones de cada una de sus puestas en escena.
Sabe construir un teatro sólido, una poesía visual que arranca con una impecable gigantografía de la llegada de náufragos a los dominios del Duque Orsino… una postal espléndida de luz y mar…

A partir de allí, se genera un genuino entretenimiento basado en esta adaptación ideal para mostrar un despliegue de talento de todo el elenco, a nivel físico y cómico generando situaciones perfectamente equilibradas, logrando frescura y con objetivos muy claros… se advierte la química entre los actores, el “toma y daca” entre la confusión y el equívoco… Sólo el talento incólume de Fiorito puede lograr esto… destacando que ha sabido cuidar el espíritu shakespeariano durante toda la actuación y precisamente respetando ese espíritu (podría parecer insolente: pero bienvenida esa insolencia!!!), se burla de “un modelo cortesano del amor perfecto…”
Detalles, detalles, detalles: el vestido negro de la Condesa Olivia parece sacado de cualquier desfile de alta costura de París; el uso del abanico; las canciones de esta época desde la del comienzo, pasando por “Only you” hasta algunos acordes de nuestra música santafesina, fueron utilizadas con mucho cuidado y en los momentos exactos para seguir sumando puntos a una puesta en escena exquisita; los movimientos y personajes exacerbados de cada actor fueron muy bien construidos y cuidados al máximo para no caer en un desmadre que le quitaría madurez y esencia a la puesta en escena; la belleza singular de la escena en la parte superior de la sala sumado al descenso del actor… colmó mi emoción, todo ello sumido en el humo celeste que me dio una sensación de cielo inmenso; las máscaras usadas: ¿quién es quién?, ¿quién ama a quién?; las entradas y salidas… y cuantos detalles más que me indican la inteligencia y audacia del Director.
El elenco: Roberto Cerri, Elizabeth Suarez, Ariel Manning, Pablo Gamero, Solana Hernández, Mariana Fenoglio, Matías Arzuffi, Camila Boulet y Juan Pablo Gorosito, (algunos de ellos cubriendo más de dos roles), en un exquisito “tour de force”, supieron llevar adelante con teatralidad y conexión lo “que ya es parte de la historia del teatro”, resultando entrañables -para nada olvidables-, cada uno de ellos.
La escena final fue apoteósica.
Sintetizando: un disfrute total, risas, dinamismo y emoción.



(*) Zelaya, ceresino, ha recorrido la Argentina y el mundo observando y realizando críticas a las mejores obras de teatro, museos, ha sido jurado en eventos culturales y su opinión siempre es la más recurrida. Su trayectoria ha sido destacada en múltiples ocasiones a nivel provincial, nacional e internacional.

