Septiembre, mes de la Biblia

Septiembre es el mes de la Biblia para los cristianos católicos. Se impuso esa fecha en homenaje San Jerónimo (30 de septiembre, San Jerónimo), quien dedicó su vida al estudio y a la traducción de la Biblia al latín y, porque además, el 26 de septiembre de 1569 se terminó de imprimir totalmente la Biblia en Castellano, llamada la “Biblia del Oso”.

Es conocida como La Biblia del Oso debido a la ilustración en su portada: un oso intentando alcanzar un panal de miel colgado de un árbol, un mensaje criptosimbólico con el cual se evitaba el uso de iconos religiosos ya que en aquel tiempo estaba prohibido cualquier traducción de la Biblia a las lenguas vernáculas, es decir a lengua de diferentes regiones que quitaran la exactitud de la PALABRA.

Este emblema representa el mazo, que ha hendido el árbol propiciando que la miel y abejas salgan de su interior, es el instrumento que hace posible que la miel, la palabra de Dios, mane libremente y así pueda alimentar al oso hambriento, los cristianos.

También es sano decir que merced a la imprenta, la Biblia comenzó a interpretarse desde diferentes posiciones. Fue el primer libro impreso por Gutenberg en 1454. Las personas alfabetizadas eran muy pocas, de modo que la Biblia presentada en libro despertó interés en su lectura.

La Biblia consta de dos partes: el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. Del primero se dice que es uno de los textos más bellos de la literatura universal. El centro de ambos es Dios, pero nos equivocamos al creer que es un libro que nos habla de Él. No, es un libro en el que Dios nos habla a nosotros de Él mediante los testigos elegidos para tal misión.

El Antiguo Testamento fue escrito por Moisés y otros tantos profetas quienes narraban en el marco de un contexto conocido por ellos, un mundo reducido a Europa y Medio Oriente, apenas un trozo del universo, pero ellos intentaron perpetuar la cosmovisión mediante la fe, una Alianza de Dios con el hombre para toda la vida.

El Nuevo Testamento llega a nosotros de otra forma. Escrito por Mateo, Juan, Lucas y Marcos. Dios es el Padre del hijo al que envió para salvar a los hombres del pecado, Jesús. Su imagen se agiganta con el tiempo por haber sido hombre de carne y hueso, muerto en la cruz, pregonó el Amor, la Justicia y el Bien, el que dijo: “Ámense los unos a los otros”. Simple, despojado de intereses, el propio pueblo judío lo desconoció como enviado de Dios.

Creo que, desde ese lugar de humildad y templanza, de negación de los poderosos y de poner la otra mejilla, Cristo representa al hombre y a la mujer que yerran, sufren, desvían caminos e intentan volver, llamados por la imagen de quien dijera: “Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.”

En el hecho maravilloso de sellar la Alianza de Dios con el pueblo, sentido abstracto e incomprensible para muchos, será Jesús el que pone su cuerpo como realidad. El que por enfrentar a los poderosos sin armas y sin intereses personales, hará temblar el mundo.

Leer la Biblia es un cultivo intelectual; no obliga a creer en todo, incita a buscar horizontes, a descubrir los matices, a interpretar al ser humano. No son los ritos los que nos acercan a verdades, son hechos, acciones. Es ver en el otro, al hermano necesitado de comida, de ropa, de una palabra. La Biblia no obliga, marca caminos, puedes dejarla o tomarla. Ella está ahí como luz o como un libro más. Tampoco para rotular, ni para condenar. Depende de cada uno la forma en que abrazamos su lectura.

Septiembre es mes para recordar y festejar muchas cosas, también para echarle un vistazo a la Biblia, sobre todo al Nuevo Testamento.

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Griselda Bonafede

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