“Esto es la copa Libertadores de América y estamos en una ciudad de cien mil habitantes”, dijo anoche un agrandado Julio Lamas desde Rafaela, donde su equipo acababa de clasificar a la final de la Liga Sudamericana de básquet. Y está bien, de eso se trata, de hacer grandes cosas desde el lugar que les toca. Muy bien. Entonces, ¿qué decir de este Libertad, que salió campeón de esa misma competencia desde una ciudad de tan solo 20 mil habitantes? Anoche se perdió muy ajustadamente, definiéndose todo en los últimos 20 segundos en los cuales, Libertad no pudo contar con Ginóbili ni con Benítez, por faltas acumuladas, aunque Cadillac tampoco podía pensar en ingresar a Martin o Ceruti, lesionados. Demasiada ventaja para este Ribeirao que se metió en la final donde espera Ben Hur.
Los Tigres hicieron un gran juego llegando a comandarlo con autoridad por 16 puntos y dominando al Coc, revirtiendo la imagen de la noche del miércoles. Se le escapó al final tras igualar en el tiempo regular. Ahora habrá que pensar en la Liga Nacional, donde tienen la chance de buscar revancha.
De arranque, el Libertad de anoche dejó en claro que no era el mismo del miércoles. Lejísimos de aquella actitud displicente. Sumamente concentrado, aprovechaba cuanta oportunidad tenía a mano para sacar ventajas. Cerró el primer cuarto 15-28 y luego sacó más diferencia aún para llevar las cosas a un tranquilo 37-53.
Los 16 tantos de ventaja podían ser más que suficientes en caso de administrarlos con solvencia ya que los Tigres rugían y estaban firmes. Pero el Coc también juega y poco a poco, a partir del tercer cuarto, comenzó a achicar las cosas y poner todo más parejo. El parcial de 26-12 dejó todo casi igual al inicio (63-65).
Desde allí, todo fue parejo hasta el final, con una diferencia de cinco que siempre favoreció a la visita. A seis minutos del cierre, la placa era de 68-73 y pareció que más se acercaba el final, más pesaba la pelota ya que primero estuvieron dos minutos sin convertir y luego fueron sumando un libre cada uno 4.06 (70-73), 3.55 (70-75), 3.03 (71-76), llegando a un final cerrado.
Uno de los pocos que movían su casillero individual era Ginóbili, quien ya tenía 20 en su haber. Restaban 1.24 por jugar y la distancia era de cuatro puntos para los de Cadillac (75-79). La definición de la semifinal era similar a la que se daba en Rafaela o la del primer partido en nuestra ciudad. Sin embargo, a 50 segundos todo volvía a estar igual en 79. Tanto jugar y ahora había un partidito a un minuto solamente, de allí surgiría la diferencia y el finalista. Pero esto no llegó, todo terminó nivelado y hubo que jugar tiempo extra.
La prórroga arrancó siendo favorable al Coc que venía embalado desde atrás y puso las cosas 84-80 a falta de tres minutos. Cuando restaban 0.55, otra vez estaba todo igual en 85 pero claro, ya no estaba Ginóbili -quien repartió 11 asistencias- ni Benítez, quienes habían salido por acumulación de faltas, Carroll, Aubry, Cavaco y López tenían cuatro y esto se sentía. Casi no había chances de defender al filo sin perder algún jugador, mientras Ribeirao contaba con algo más de margen.
El final 89-85 deja un sabor amargo ya que se hicieron muy bien las cosas en gran parte del partido. No se dio, se perdió con la frente en alto ante un gran equipo, revirtiendo la imagen y demostrando qué clase de conjunto es el aurinegro y eso vale mucho más que un resultado.

