El choque del tercero con el segundo del TNA 1 casi no tuvo paridad. Más pareció que militaban en categorías diferentes y que cada uno hacía evidente su jerarquía. Primero fue un 9-2, Perryman erró cuatro libres seguidos y Segura sorprendió con un triple. Allí, en pocos minutos, se vio un anticipo de lo que sería el juego: nada del ataque bahiense y por el contrario, variantes y efectividad del local.
En un tris, Tomatis se sumó a la onda verde y Unión puso 10 de luz (20-10). Alvarez trató de reorganizar el juego de los patagónicos pero sólo pudo ver con desesperación cómo los albiverdes penetraban y convertían, descargaban y convertían, recuperaban y convertían, corrían y convertían. El parcial de 18-0 derivó en un 30-12 con el mejor primer cuarto en mucho tiempo.
A partir de allí, el juego estuvo de más. El nivel cayó y cambiaron doble por doble, manteniendo la diferencia holgada (35-18). El medio tiempo indicaba que entre uno y otro equipo seguía habiendo una diferencia indescontable (41-22).
En el arranque del tercer parcial, los de Bahía Blanca salieron a quemar las naves y se pusieron a 12 pero dos bombazos volvieron a llevarlos 18 atrás. A falta de 4´, el 53-33 era inapelable. Luego llegaría una máxima de 20 y el cumplir con el resto del tiempo casi como un trámite formal.
Fue victoria 87-65, holgada, cómoda, que dejó el buen debut de Patrick Wearthy, nuevo refuerzo albiverde en reemplazo de Larry Florence. Fue triunfo y envión anímico tras dos abultadas derrotas en la gira por Buenos Aires. Fueron más que dos puntos ganados: fue confianza, solidez y fue justicia por lo hecho por uno y otro.

