Un recuerdo debido pero olvidado

Mario Vecchioli (Foto: rafaela.gov.ar).Seguramente, si hiciéramos una ronda de consultas acerca de la persona que aparece en la fotografía acompañando esta nota, no serían demasiados quienes acertaran identificándolo. Se trata de Mario Vecchioli (o su nombre completo: Mario Manlio Renato Federico Vecchioli), nacido el 4 de mayo de 1903 en nuestra ciudad, escritor de reconocida trayectoria en la provincia y autor de la letra de la marcha de nuestra ciudad.

En el día de hoy se recuerda su desaparición física, cumpliéndose 30 años de la misma, acaecida el 20 de noviembre de 1978. Lamentablemente, para sus coterráneos aún no es un hecho de memoración y esto no deja de ser una verdadera injusticia, para quien tuviera tanto que ver y quien es -incluso- recordado en buena parte de los actos que se realizan en la plaza y escuelas locales.

Llama la atención pero, buceando en Internet, además de los sitios netamente literarios de la provincia, como por ejemplo literaturasantafe, es en la ciudad de Rafaela donde mayor cantidad de detalles se encuentran de su vida y obra, siendo autor de la letra también de la marcha de la vecina ciudad.

Anualmente y organizado por el Centro de Estudios de la Lengua, aquí se realiza el certamen Literario para los géneros de Cuento y Poesía, cuya premiación recientemente ha tenido lugar. Esto es muy importante ya que contribuye a mantener su recuerdo y presencia activos en la comunidad. No obstante, consideramos pertinente algún cambio que en el corto plazo pueda llegar a darse y con el mismo acrecentar su figura, tal como lo merece.

Lejano pueblo mío, de mi infancia
Ranchos de lata y perros hacia el este.
Al norte los tunales y la pampa.
Y un occidente gris de camposanto,
perdido entre esmeraldas.

¡Es un antiguo tiempo de la sangre
esta dulce provincia de mi infancia!

El pueblo estaba al sur. El pueblo
era un domingo de camisa blanca,
pañuelo perfumado
y el nudo maternal en la corbata.

Aldea de labriegos,
con mostradores de buen vino y grapa,
almacenes que olían a pimienta
y verdinegras zanjas
donde los sapos celebraban lluvias
en un idioma secular de gárgaras.

País de Liliput, al que se iba
con infantil curiosidad de chacra.

¿Cómo explicar aquellas tribus gringas,
vestidas de importancia?

¿Y esa tiesura grave,
tal vez con presunción de aristocracia?

Primero era la misa,
con su latín que nadie interpretaba.
Misa de rogativa de cosecha,
más que de amor a Dios y de alabanza.

Después, afuera, el sólito concilio.
Interminables, efusivas charlas,
con el virtuoso tema femenino
de encajes y de ropa almidonada.
Juegos y gritos del tropel de niños.
Dudosos secreteos de muchachas.
Sonrisas complacientes de las madres.
Y el viejo cura, con su cara santa,
remolineando de un corrillo a otro
la astuta inquisición de su sotana.

Los hombres, mientras tanto,
con firme empeño y en brillante carga,
ya habían conquistado las esquinas.
Y entre “toscanos”, cantos, carcajadas,
y cuentos de sabor que no se dice,
se echaban el boliche en la garganta.

¡Felicidad de gente laboriosa,
que un largo cuatro rumbos de volantas
desparramaba de regreso al campo!

Pueblo mío, de fábula.
Con sus baldíos de oxidados sunchos,
plaza de pencas y de fiestas patrias…

¡Es un antiguo tiempo de la sangre
esta dulce provincia de mi infancia!

Su infancia
(Municipalidad de Rafaela) – Mario Manlio Renato Federico Vecchioli, nació el 4 de mayo de 1903 en la localidad de Sunchales (Provincia de Santa Fe). Tercer hijo, primer varón de una familia de 9 hermanos, nacidos del matrimonio formado por Antonio Vecchioli, italiano oriundo de Camerano (Ancona) y de María Lecomt o Lecomte, francesa nacida en Lylle. De pequeño vivió en la localidad de Vila (Santa Fe); existen constancias de su paso por la Escuela N° 385 (hoy Sarmiento), donde cursa el primer grado en 1910. En 1913, fue llevado por su padre, junto a su hermano Nolfo (dos años menor) a la ciudad de Osimo (provincia de Ancona, Italia), a fin de hacerle cursar estudios en el Colleggio Convitto Campana, uno de los más antiguos y célebres de Italia, donde estudiaron, entre otras celebridades, los Papas León XII (1760-1826) y Pío VIII (1761-1830), y el literato Adolfo de Bosis (1864-1924).

Sus años en Italia (ocho en total), fijaron las bases para la adquisición de su enorme cultura y predisposición por la literatura y la música, ya que asistía regularmente a funciones líricas, conociendo a destacados cantantes, músicos y escritores. También le tocó contemplar los estragos de la primera confrontación mundial, el 24 de mayo de 1914, día en que Italia le declaró la guerra a Austria, en que pudo presenciar, por la noche, y teniendo solo once años, la primera acción bélica entre las dos naciones: el bombardeo al puerto de Ancona por los aviones austríacos. En este colegio que se distinguía por la sana formación que brindaba a los jóvenes y un alto nivel intelectual, permaneció Vecchioli en calidad de interino y culminó sus estudios con altas calificaciones. Es interesante mencionar que se estudiaban cuatro idiomas (italiano, latín, griego y francés) y las restantes materias eran: Historia, Geografía, Historia Natural, Matemáticas y Educación Física. Su padre regreso de inmediato a la Argentina. Mario y Nolfo permanecieron en el colegio hasta el 30 de abril de 1921, fecha en que se registra se embarco en el vapor «Formosa», en el puerto de Génova. Se desconoce la fecha de arribo-
Mario Vecchioli

Su radicación en Rafaela
Su asiento en Rafaela, según consta en su libreta de Enrolamiento, data del 8 de noviembre de 1921. Su casa se encontraba en calle Ituzaingó 155, en Pleno Barrio San Martín. El regreso se debió al fallecimiento de su padre, ocurrido el 25 de noviembre de 1920. De tal manera, tuvo que interrumpir los estudios en Europa, donde su intención, al igual que la de su hermano, era estudiar Medicina. Su correspondencia privada nos permite leer un recuerdo de Vecchioli sobre el profesor de literatura y Filosofía, Luiggi Torcianti, «un fraile bondadoso y barbudo» que solía repetir a la clase: «¿Non avete vergogna?, Vecchioli é I´unico satraniero, ma scribe e parla I´italiano meglio di tutti voi», lo cual era verdad, puesto que el indiana o americano (así también lo llamaban en el Colegio) tuvo que aprender el idioma de los libros, mientras que los demás alumnos lo aprendían en las calles, con los infaltables errores dialectales.

Arribado a Rafaela se desempeño un año y medio en la Defensa Agrícola y luego como empleado administrativo en la Jefatura de Policía de esta ciudad, hasta 1931; renunció cuando era Encargado de Gabinete. Ese mismo año – 1931- obtuvo el carnet habilitante como redactor del diario «La Opinión» y en 1934 como comentarista de «El Norte», anticipando así inquietudes periodísticas que lo llevarían a redactar y estructurar el Libro Boda de Oro del Club Atlético (del cual fue dirigente varios años) y el Album del Cincuentenario de la Sociedad Italiana de su Majestad Vitorio Emanuele II, instituciones de Rafaela.

Desde 1932 hasta 1978 trabajó en la secretaria General – Gerencia de la Mencionada Sociedad Italiana- donde su oficina era diariamente visitada por amigos, escritores, poetas y jóvenes que a él acudían en busca de consejo que siempre prodigó. Recuerda un amigo, Lorenzo Inardi ( )que: » al comienzo tenía su oficina en un cuartito que daba a calle Browm, correspondiente al ala norte del edificio de la citada sociedad. Años después pasó a la sala que da frente a la calle Pueyrredón, que desde hace tiempo lleva merecidamente su nombre «Sala Mario Vecchioli», en su homenaje».

En el ámbito público se desempeñó como Secretario General primero, como secretario de Gobierno y Hacienda luego, y como Director de Cultura y Acción Social de la Municipalidad de Rafaela, desarrollando una labor trascendente.

Desde el último cargo mencionado instituyó los concursos anuales de poesía, cuento, teatro, novela y ensayo, para estimular la producción literaria local.

Fue miembro honorario de la Misión Municipal de Cultura. Habiéndosele ofrecido la cátedra de literatura en la Escuela Nacional de Comercio (en su creación) y la Dirección del Museo Rosa Galisteo de Rodríguez (Santa Fe), declinó ambos ofrecimientos.

Sus Obras
De sus tiempos en Italia datan novelas de aventuras, manuscritas en italiano, que se conservan en cuadernos de colegio, compuestas a los 13 y 14 años, con títulos tales como «II terrore del Deserto», «La iena del Sahara», «Le tigri della Sonda», etc.

Producido su regreso a la Argentina encontramos manuscritos – también en cuadernos – ya en el género lírico nunca publicados.

Prosiguió con cuentos y novelas que publicó en forma de folletín, y en capítulos, en el diario «La Opinión». Recordamos «Ensueños Truncos», «Golondrinas Humanas», «La Tormenta», «El Torbellino».
Hizo otras publicaciones en otros periódicos: «Castellanos», «El Norte», «El Pueblo», y «Diario del Norte». En ese entonces publicaba sus trabajos – tanto en poesía como en novela – bajo seudónimos, siendo los más utilizados «Olivero C. Charmi», «Fra Diavolo», «Ram Chevi» y «Tommy Traiga».

En 1946, publica «Mensaje Lírico. En 1948 dio a conocer «Tiempos de Amor». Dos años después en 1950, una nueva obra suscita el interés de lectores y críticas. Se trata de «La Dama de Las Rosas». En 1952 llegará «Silvas Labriegas». Es una de las más profundas y ricas síntesis conceptuales sobre la significación de los inmigrantes.

Luego se produjo un paréntesis en las publicaciones, aunque no en la producción estética de Vecchioli. Recién en 1970 volvió a la imprenta y apareció entonces «De otros Días».

En 1974, una nueva obra de Vecchioli reencuentra al poeta con la ciudad: «El sueño casi Imposible» (canto a Rafaela). En 1975 aparece «Lugar de nuestra tierra» y finalmente, en 1977, «Reiteración del hombre». Colaboró en publicaciones de distintos países como Honduras, México, Italia, España, Puerto Rico y en otras de orden nacional.

Entre sus letras figuran las letras de la Marcha de las Escuela Normal, Angela de la Casa y Gabriela Mistral; de la Escuela Nacional de Sunchales; del Barrio Villa Rosas y del Club Atlético de Rafaela.
Ha sido también autor de innumerables letras a las que se agregó música popular (valses, tangos, fox-trots, canciones litoraleñas, zambas, taquiraris, etc.).

Además fue el impulsor en Rafaela de la actividad literaria, al fundar, dirigir y redactar las revistas literarias «Aleteos» (1943), «Mi Revista» (1945) y «Revista Social» (1939).

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