Un saxofón invisible para infancias desrealizadas

Foto: Diego Rosso.

Un Papá Noel simpático se muestra en la puerta de un comercio céntrico de Sunchales. Con un tamaño real, se mueve mientras ejecuta un saxofón. Tan cordial personaje despierta alguna emoción.

Para los niños, es el símbolo de una visita misteriosa, nunca vista, que generosa dejará en sus hogares el regalo pedido, para los adultos es la evocación de la infancia dormida en alguna parte. La figura contorneante y melodiosa del Papá Noel, en ese lugar, enternece a chicos y grandes.

Ningún adulto puede olvidar la infancia en la que Papá Noel, Niño Dios o Reyes Magos traían regalos. Aún evocamos la fantasía de uno de esos visitantes desconocidos que, de noche llegaban a los hogares sobre un asno, en trineos, según tiempos y lugares, o descendían por las chimeneas; obligaban a dejarle agua y pasto fresco para que siga su camino, luego de que dejaran los juguetes tan esperados.

La niñez de hoy no se aleja demasiado de ese rito imaginario; casi todos los chicos esperan un regalo, hacen encargos y los depositan en el árbol de Navidad. No falta quien, aún sabiendo que se trata de una dulce mentira, sigue apostando al relato, tal vez porque no quiere separarse de la niñez que se marcha y se aferra a la magia.

Los que miramos a la infancia de un modo distinto, no podemos dejar de preguntarnos si todos los niños del planeta, o de nuestro entorno al menos, tendrán las mismas expectativas. Sabemos que no.

Mariano Narodowski es un académico, docente, pedagogo e investigador argentino. En sus obras, aborda el tema de la infancia y del poder. Según él nos enfrentamos a dos tipos de infancias en estos momentos (lo entrecomillado es textual de su obra):

a) Hiperrealizada: Es la infancia de los niños con acceso a información. Concurren a la escuela y viven con adultos. Comprenden mejor y mas rápido los cambios tecnológicos, nacieron en la era del cambio constante y se adaptan con facilidad. Están inmersos en pantallas. «Como operadores mediáticos se adueñan de experiencias y saberes que a todos nosotros nos costó décadas procesar. Con videojuegos cuyo premio es la nueva vida, el continuar el juego, la permanencia».

Son niños económicamente dependientes, pero independientes respecto al saber, para ellos la edad no es un impedimento para llegar al conocimiento.

b) Desrealizada: «Son niños hacia los cuales difícilmente tendremos un sentimiento moderno de infancia, ternura y protección».

Una niñez que no es obediente, porque no precisa obedecer, no tiene a quién obedecer. En todos casos puede negociar para lograr su sustento, es una niñez con cierta autonomía económica y cultural, ya que elabora sus propios códigos.

Se trata de «analfabetos virtuales» ya que no tienen acceso a internet. No concurren a la escuela, trabajan. Se trata de niños incorregibles que llegan a ser considerados peligrosos, porque en algún momento reclamarán lo que necesitan por derecho y lo harán con violencia. Pasarán a ser «el menor delincuente», aunque es un niño. Pertenecen, sin quererlo, a la infancia desrealizada de la que habla Naradowski.

Nadie pone en duda la voz del académico. Algunos las vemos; otros las sufren. Por eso ante la figura del Papá Noel provocador de emociones suben a la piel también los opuestos de los que habla el pedagogo. Para estos chicos, un Papá Noel ejecutando un saxofón, quizá carezca de simbolismo.

Seguramente habrá fundaciones, grupos sociales, instituciones benéficas que aliviarán de algún modo la faltante de un juguete, lo que no pueden crear es el cálido clima hogareño donde se acuerdan los pedidos entre los niños y el Papá Noel imaginario.

Una niñez en la que Papá Noel, o Santa Claus o los reyes Magos no tienen significado, hace doler el alma. Estos personajes ausentes en la fantasía, son la representación de adultos ausentes, de Estado ausente, de sociedad ausente en la realidad de todos los días.

De todos modos, la injusticia social no debe oscurecer la alegría de los que pueden disfrutar la Navidad. Como abuelos, como padres, hagamos de esta Nochebuena una noche de encuentros, ahora que podemos reunirnos en torno a la mesa familiar.

Tal vez desde algún lugar, otro Papá Noel, totalmente desconocido, con un saxofón invisible calme el corazón de la infancia desrealizada y haga brotar la esperanza. Tomo las palabras de Carlos Skliar, investigador, docente, fonoaudiólogo y escritor argentino:

«Deseo lo que deseen.

Que se celebre la vida, sí, sin olvidar que está hecha de ausencias, frágil, como una rama quebradiza tendida sobre un abismo.

Que las ilusiones no sean mezquinas sino plurales, incluso imposibles.

Que el mundo no avance tanto, tan ciego, tan duro, tan implacable.

Que abracemos a los nuestros y a los que parecen ajenos, distantes.

Que haya paz, pero no desmemoria.

Que todo sea más amable.

Que no solo se desee para uno, sino para otros.

Y no únicamente hoy, ahora mismo, sino también ayer, anteayer, mañana y después de mañana».

Yo deseo también, un saxofón invisible para la infancia desrealizada.

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