La ausencia del secretario de Hacienda y Estadísticas, Héctor Deluchi, acaba de hacerse efectiva al día de hoy. Tal lo anticipado en conferencia de prensa y con partes oficiales diez días atrás, las cuentas municipales tienen una deuda que no es menor: su reemplazo.
Desde el anuncio público a esta parte pasaron 10 días pero es mayor aún el tiempo si se cuenta desde que el funcionario reveló íntimamente sus planes de continuar en la parte privada, ganando así una estabilidad laboral que en lo público resulta hasta casi inverosimil de considerar.
Las declaraciones oficiales del Intendente acerca de quién puede llegar a ocupar este espacio de trascendencia fueron de corte formal, de ocasión y limitándose a indicar que hubo ofertas y que se aguarda por respuestas. Nadie duda que así ha sido, sería un desatino pensar en otra opción.
La ausencia de una nominación previa a la partida, que permita intercambiar información con el sucesor y convivir aunque sea unos días para explicar modalidades de trabajo o cuestiones de Estado, deja también en claro el problema que ha manifestado en este último tiempo en varias ocasiones el Intendente y que ha atravesado su gestión desde el inicio mismo: no logra atraer a profesionales de la ciudad para ocuparse -en este caso- de las cuentas públicas. La última «defensa» ante el arribo de personas de otros lugares para integrar su Gabinete fue en la despedida misma de Deluchi; la anterior había sido en la visita al Concejo, pedida por los ediles, en aquella ocasión argumentando su decisión de abonar además de sueldos, alquileres y viáticos.
Las características humanas y profesionales de Deluchi hicieron que se transformara en un caso extraño, sobreviviendo en el cargo más allá del recambio de Intendente. Su aplicación para con las finanzas locales, difícilmente sea superada ni tampoco se igualará el perfil componedor que mantuvo para con la comunidad.
No obstante si hay algo que señalar es que lejos estuvo de ser un funcionario «políticamente correcto». Esto para gran parte de la ciudadanía se transformó en otra característica distintiva y positiva. Fue quien desde hace meses comenzó a lanzar «alerta amarilla» sobre los números, dejando un claro mensaje ante los concejales en la visita del Informe de Gestión de la primera mitad del año. Su transparencia, sinceridad y sentido de la obligación, lo llevaron a indicar que de no cambiar la curva de gastos -que se mantiene- se corría el riesgo de enfrentar complicaciones en el corto plazo si se daba la caída de algunas recaudaciones.
«El Intendente, Ezequiel Bolatti, ya está trabajando en la búsqueda de un reemplazante que desempeñe con idoneidad las funciones dentro de la secretaría municipal», cierra el parte oficial del pasado 18. Seguramente una de las características a evaluar será la forma en la que se planta ante concejales, colegas y ciudadanos a fin de poder acercar o alinear el discurso a las declaraciones del mandatario, puesto que con Deluchi, la sintonía estaba cada vez más alejada uno del otro y aquello de relato y realidad se hacía cada vez más palpable.
Cabeza gacha, pensativo y callado, se lo vio en su conferencia de despedida a don Héctor, escuchando a su aún jefe discurrir que las cuentas estaban bien, que el crecimiento seguía garantizado y que los continuos augurios de crisis eran una constante ya cuasi normal que lo perseguía desde el inicio mismo de su gestión, debidos casi con exclusividad al retraso de meses por parte del Concejo en aprobar una actualización de Tasas. Detrás, en los archivos, los Balances dan cuenta de una partida emblemática: Proveedores, que repercute en múltiples sectores de la ciudad y que al 30 de marzo de 2013 era de 1.005.482 pesos; el 30 de junio de 2013 acumulaba una deuda de 1.811.383 pesos, habiendo trepado al 30 de junio de 2014 a 3.279.156 pesos.

