Y cada manzana se completa

Allá en el tiempo quedaron las imágenes de manzanas aún imberbes o repletas de pastizales indecorosos que no habían recibido hasta esa fecha la mano del hombre para construir, levantar, edificar. Poco a poco los pueblos ganaron espacios activos y ya no todo fue llanura, soledad, para tener fisonomía de conjunto, de multitud a veces, aunque supieron guardar espacios para parques, recreación y comercios, además de obras para la salud, como en mi cercanía.

Se formaron así barrios generosos, completos en sus múltiples ofertas cercanas, diversos en sus beneficios, distintos en su contenido. Los diseños encarados por los arquitectos también difieren entre sí.

De aquellos inmigrantes italianos llegados a Sunchales, apreciar hoy un atractivo edificio con varios pisos que incluyen comercios, es sinónimo de modernismo. Y continúan otras reformas: después de los vestigios del ayer lejano con sus inconvenientes, aflora hoy la construcción flamante, las vidrieras con variedad juvenil, adornos, útiles y necesarios para el hogar (hasta llegar hoy a repuestos para tractores…). En el olvido quedaron las paredes vetustas y los inconvenientes de los años sin retoques. Las luces nocturnas en las vidrieras acompañan en la soledad.

Y además, la auténtica emoción de ver otra vez una manzana completa, activa, con un futuro propicio y floreciente… Especialmente, con luces notorias en sus puntos cardinales anunciando vida, presencia, resguardo de los vecinos.

Cambiar lo vetusto y antiguo por la prestancia de la modernidad.

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