Y se llamaba Venecia…

“Barrio de tango, luna y misterio, ¡desde el recuerdo te vuelvo a ver!”

Se afirma y me consta que en Sunchales existió un barrio llamado “Venecia”. ¿Dónde se encontraba ubicado? Para dar un margen amplio del lugar de su radicación, señalaré que estaba asentado en el cuadrante sureste de lo que era el pueblo.

Yendo a su localización más precisa, diré que sus límites eran: al sur la calle Láinez (la más poblada por la colectividad); al este la calle Joaquín V. González; al oeste Avenida Sarmiento y al norte Corrientes (hoy Rotania).

Al barrio se lo conocía como Venecia. Los dos mil habitantes del Sunchales de aquel entonces (circa 1920) así lo llamaban, pero paulatinamente fue perdiendo su identidad y predicamento.

¿Pero por qué razón fue tomando ese nombre este pequeño complejo urbano?

La historia nos dice que los inmigrantes provenientes de la región del Véneto (Italia) se fueron afincando paulatinamente en lo que sería el barrio Venecia (1). Llegaron de esa región del norte de Italia, venecianos de las provincias que la componen: Belliuno, Rovigo, Vicenza, Venecia, Pádova, Verona y Treviso.

Vista de Treviso, provincia de Treviso, Venecia.

¿Pero cuáles eran los apellidos que existían en la zona?: Petitti y Pattoco eran propietarios de una panadería, Tony Loro, Constanzo (peón rural), Francescato (Memo) quien lucía enormes bigotes tipo “manubrio de bicicleta” y vestía con notoria elegancia.

En la intersección de Corrientes y Bolívar vivían los Rotania (Alfredo, Fernando, Miguel y Enrique). En la misma manzana, pero en la esquina noreste residían los Gazzola, Stefani, Spángaro y Albertengo.

El barrio también era habitado por los Ramello con una carpintería; Stella Maris, la hija, fue cantante de la orquesta “El Fortín” en la época de esplendor del tango en Sunchales (1940-1942).

Otros apellidos: Santiago Paccioretti (horno de ladrillos), Mestriner (colchonero), Maggiolaro (pintor), Destefanis, Gásparo, Tomasso (huerta comercial), Rizzieri Vidoni (albañil), Perrone. La familia Zámaro además de contar con una generosa quinta, tenía un malacate que funcionaba con caballos. La verdura la repartían a domicilio en volanta. En general los habitantes del barrio trabajaban en la construcción.

La mayoría de estos italianos llegaron a la Argentina a bordo del Principessa Mafalda (2), el que en uno de sus viajes naufragó. Entre los pasajeros del mismo, se encontraba una señora de apellido Virarelli que milagrosamente salvó su vida. Su destino final lo constituyó nuestro barrio Venecia.

La inmigración italiana fue la más numerosa. Arribaron piamonteses, toscanos, lombardos, venecianos, friulanos y ligures entre otros. Paradójicamente y al tener dialectos distintos, en un principio no tenían comunicación entre ellos.

Finalmente, el barrio se fue desdibujando. La falta de iniciativa y apoyo oficial a su identidad fueron factores preponderantes, decisivos. Los viejos migrantes italianos, aquellos de la épica inconmensurable, fueron muriendo y el desapego del resto de la población, hicieron lo suyo.

Estamos a tiempo de rendir el homenaje merecido. La ciudad espera el reconocimiento significativo y tangible a aquellos tanos laburantes.

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  1. En el monumento a Los Italianos de Avda. Sarmiento y Láinez existe una pequeña placa que recuerda a la abnegada colectividad y su tesonera labor. Poco para semejante proeza.
  2. El Principessa Mafalda fue el principal buque que trajo inmigrantes desde Italia. El viaje que partió desde Génova el 11/10/1927 y naufragó frente a la costa de Brasil el 27 del mismo mes y año, arrojó un saldo de trescientas víctimas fatales.

Referencia: artículo de Chela de Lamberti.

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