(Por: Jacqueline García) – Según un relevamiento realizado por la consultora LatinPanel Argentina a 3 mil hogares, en el marco del estudio Obesity Index, en el transcurso de una semana, el 78% de los hogares argentinos lleva a su mesa fideos y el 74%, milanesas o ensalada. Estos tres platos son los más usualmente servidos, seguidos por el arroz – 65% –, el bife o churrasco – 63% – y la pizza – 60% –. Sólo 1 de cada 5 hogares incorpora pescado en su dieta.
Los productos light, también son muy elegidos por los argentinos, en particular, por los porteños. De acuerdo con el estudio Consumer Watch, un análisis del consumidor latinoamericano realizado por la misma consultora, el 62% de los hogares los consume en Buenos Aires, hecho que la convierte en la ciudad latinoamericana con mayor consumo de este tipo de productos, por encima del promedio regional que llega al 42% de los hogares. El principal motivo por el que se elige lo light es el cuidado de la salud, según el 48% de los encuestados, seguido por el control del peso –39% –.
No confundir funcional con fármaco *
En muchos casos las “modas” son la consecuencia de la impronta en la sociedad de avances científico-tecnológicos significativos, como la moda del celular o de Internet. En este mismo sentido, los alimentos funcionales vienen ganando espacio en la preferencia de los consumidores, porque son alimentos que les brindan otros beneficios para la salud, más allá de su contribución nutricional.
Uno de los principales desafíos radica precisamente en la equilibrada comunicación de estos beneficios. Y existe un riesgo implícito en transformar a los alimentos en fármacos.
Los alimentos funcionales son mejores alimentos, en la medida que permiten que las personas puedan elegir otras alternativas para su alimentación que los ayudan a obtener una mejor calidad de vida. Por ejemplo, al consumir un yogur con un probiótico que favorece la regularización del tránsito intestinal, las personas que tienen problemas intestinales –alrededor de la tercera parte de la población – se sentirán mejor. Ahora, si este alimento es comunicado como si fuese un fármaco que soluciona la constipación, se corre el riesgo de generar falsas expectativas.
* Doctor Esteban Carmuega, coordinador del grupo de trabajo de Alimentos Funcionales de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN).
Aprovechar los componentes
Es fundamental “sacarles el jugo” a los alimentos que comemos: conocer los componentes es la clave. “Algunos minerales como el hierro y el calcio disminuyen su absorción en el cuerpo si se los ingiere conjuntamente con otros alimentos, como aquellos ricos en fibras –cereales integrales o leguminosas– o que contengan sustancias como taninos –infusiones como el té–, oxalatos –bebidas cola, cacao, chocolate–, fitatos –vegetales de hoja. Así también, hay muchos nutrientes que se potencian entre sí: como el hierro con vitamina C. Si ingiero hierro proveniente de la acelga o legumbres, y lo acompaño con jugo de naranja, la absorción del hierro se facilita. En cambio, si tomo un té, disminuyo la absorción del mismo. Esto es lo que el consumidor, por lo general, desconoce; y es por eso que es tan importante poner el énfasis en la educación vinculada a estos alimentos para que los principios activos de los mismos se aprovechen de la mejor manera posible cumpliendo con la función que buscamos al consumirlos”, asegura Brenda Müller, Licenciada en Nutrición.
Jacqueline A. García
Técnica Bromatóloga y en Higiene y Seguridad Alimentaria
e-mail: higieneyseguridadalimentaria@hotmail.com cel: 03493-15567052

