Celebramos la vida

Desde que nacen los niños, los habituamos a celebrar la vida con los más cercanos y luego van extendiendo sus contactos según el cultivo por la amistad, por los juegos, la escuela, la juventud, acumulando años, experiencias, vínculos que pasarán a ser indisolubles, permanentes y muy valiosos para el espíritu.

Tal vez las distancias puedan espaciar esos contactos pero cuando los lazos son firmes y perdurables los medios de conexión hoy nos mantienen intacto el caudal de sentimientos, reavivando íntimas emociones en forma permanente. Las mujeres ya no esconden sus edades (como lo hacía mi madre, que me lo confesó cuando estuvo “obligada” a enrolarse debido al voto femenino). ¿Solamente los varones tienen derecho a expresarse en política? Eran otros tiempos…

Zunilda Pessina exhibió orgullosa el número de los años atesorados como docente, esposa, madre y amiga ponderable, residente en el barrio, con otras afinidades que dieron origen a una amistad valedera, que traspasa los calendarios y mantiene su solidez. Bien ubicada y visible, la cifra de los almanaques acumulados ostentaba su intenso brillo plateado como hazaña vital, sin escondites ni restas.

La vecindad, el lugar de trabajo, la Parroquia y el horario de las misas, son múltiples las situaciones que originan la riqueza de una amistad sincera y profunda, aunque haya diferencia de edades. Los sabores, la pródiga mesa servida, las confidencias y carcajadas, los recuerdos, el porvenir, un collar de cuentas vitales fueron tejiendo hitos coronados por la virtud de la amistad sincera y profunda.

En el patio, un maravilloso jardín luce en su casa, resplandeciente y multicolor, cultivado con su paciencia y dedicación. El gato, manso y cariñoso otras veces, nos mira con recelo y desaparece, seguramente abrumado ante nuestra conversación.

El invierno intenso se transformó en primavera. Por la legitimidad con que fue asumida la fecha, por los lazos de una diversidad, por la anfitriona virtuosa y ejemplar.

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