Llevamos ya cuatro jornadas completas en las cuales, el traqueteo de las ruedas de las carretas es casi el único sonido que nos acompaña. Salimos con entusiasmo pero un par de días después, el ánimo comenzó a cambiar.
La falta de caminos secos luego de las importantes lluvias que nos acompañaron durante el día de ayer, la dificultad para encontrar las aguadas y la incertidumbre de no tener en claro cuánto falta para descansar, empiezan a pesar.
Los más grandes bajamos la cabeza y continuamos, resignados, sabiendo que detrás dejamos sufrimiento y privaciones. Nunca hubiera imaginado que existiría un país con tanto espacio vacío. Seguramente el futuro encontrará en estas planicies campos trabajados, ciudades prósperas y vaya a saber cuántas cosas más.
Por ahora, todo es apenas una huella que nos lleva adelante, un destino en medio de la nada.

Caminos rurales e inexplorados:
Los caminos eran apenas huellas de tierra en medio de la naturaleza, senderos angostos que se abrían entre la vegetación. En ocasiones, las lluvias borraban los rastros y dificultaban el avance de los viajeros, obligándolos a esperar días hasta que el barro secaba.
Todos buscaban siempre llegar a las postas, separadas por distancias fijas que permitían descansar, comer y cambiar de caballos. También se disponía de algunas carretas de bueyes que en muchas ocasiones, por su lentitud, tardaban semanas o meses para unir ciudades y avanzar por la vasta Argentina.

