El volante repitió lo hecho en el encuentro anterior, volviendo a convertir un gol. En este caso fue a los 17 minutos del complemento, dándole la victoria a los albiverdes, que luego aguantaron los embates de Central Norte. Con un partido menos, los de Sialle ya están segundos, debiendo a media semana ponerse al día enfrentando al puntero, Atlético Tucumán, con la chance de ganar y destronarlo de la posición de privilegio.
(Por: Mariano Gil – Para: El Tribuno) – La espada de Damocles está al caer. Y Central Norte no hace nada para evitar esta sentencia que parece firme. Los fantasmas del descenso merodean cada vez más por el estadio «Padre Ernesto Martearena», y el «cuervo» sigue sin dar señales de vida, porque sus jugadores, los únicos que pueden dar vuelta esta historia, no aparecen en los momentos clave. Central Norte fue inoperante en todas sus líneas. Atrás dio muchas ventajas. En el medio nadie fue capaz de parar la pelota y hacerla circular. Y adelante la palabra gol parece una quimera.
La llegada de Raúl Aredes había despertado la ilusión, esa ilusión que en Tucumán la encendió Maximiliano Mompó, pero que Unión Sunchales se encargó de apagar en forma rápida, con ráfagas de fútbol y con una estocada en el corazón de Mariano Maino. El juez, en esta ocasión, fue un tal Danilo Tossello que bajó el martillo, a los 17 minutos, dejando al «cuervo» penando en su impotencia.
Central tuvo quince minutos de furia. Donde atacó y metió a los santafesinos en un arco. En ese cuarto de hora hizo todo bien. Tocó, rotó y creó cuatro situaciones claras de gol, que sus delanteros y el arquero Guillermo Sturcky se encargaron de ahogar.
De ahí en más, nada de nada. Central cayó en un pozo del cual nunca pudo salir. Dejó agrandar a Unión Sunchales que, de apoco, se animó a buscar la victoria que consiguió con un gol de Danilo Tossello (ST 17′). Ese fue el final, porque Central nunca pudo reponerse de ese golpe anímico, sus jugadores comenzaron a deambular por la cancha. Algunos buscando la heroica. A otros la pelota les quemaba en los pies. Y si no terminó con una goleada a favor del «verde» fue por Maino o por algunos lujos de los santafesinos a la hora de definir.
Lo del «cuervo» fue tan malo que Unión Sunchales se dio el lujo de terminar jugando a voluntad, con el nerviosismo y la inoperancia de un «cuervo» intranscendente.
Central no cambió en nada, continúa padeciendo los mismos síntomas de la época de Miguel Amaya o de Víctor Riggio. La ilusión y el oxígeno alcanzado en Tucumán duró sólo noventa minutos y los hinchas dieron su veredicto con una silbatina que bajó de los cuatro costados, dando muestra que este «cuervo» está nominado y con la espada de Damocles cada vez más cerca de su cuello.
La esperanza es lo último que se pierde, los números todavía dejan con vida a Central, pero sus jugadores serán los encargados de dar el veredicto final, de hacer una buena defensa con sus argumentos, sino el señor juez marcará la sentencia final, esa que parece estar cada vez más cerca: el descenso directo.

