El 11 de septiembre se evoca la muerte del discutido Domingo F. Sarmiento, nacido cuando la patria se liberaba de España, allá por 1811. El hombre que como dice el himno a su memoria: “Por ver grande a tu patria tú luchaste/Con la espada, con la pluma y la palabra”. Lo apodaban “el loco” por sus apasionados discursos y su verborragia poblada de vocablos sin filtros. Quien se compare con él solo puede hacerlo desde este lugar porque su posicionamiento político y su postura frente al proyecto educativo no tuvieron, ni tienen parangón.
Interpretó la educación en un contexto histórico donde la Argentina se encontraba en un proceso de construcción de identidad como nación. “Nacía a la faz de la tierra / una nueva y gloriosa nación”. Tuvo una visión y caminó hacia ella.
Comprendió, desde muy joven, que la educación era la herramienta para el desarrollo de la sociedad, contrario a su coetáneo Alberdi, propuso e ideó una educación inclusiva, donde cupieran varones y mujeres. “Obligatoria, gratuita, universal”, convencido de que el progreso se construía de abajo para arriba, con una sociedad alfabetizada, educada en valores ciudadanos. Sus ideas plasmadas en ley, marcaron la exitosa trayectoria educativa en Argentina.

En su obra “Educación popular”, Sarmiento afirmaba: “La educación es la base de la felicidad pública, la garantía de la paz, el fundamento de la prosperidad y el progreso de los pueblos”. Estas palabras reflejaban su convicción de que la educación era la clave para construir una sociedad próspera y avanzada. Esa visión puesta en acción en la Ley 1420 educó a millones de argentinos por más de 100 años. La educación pública, instrumento de progreso, al que todos debían acceder.
Hoy se escuchan voces que intentan desconocer el valor de la escuela pública, inclusiva, poniéndola en inferioridad de condiciones, quitando derechos, acallando voces, poniendo como modelo a Juan B. Alberdi quien apoyaba la entrada de inmigrantes por aquello de “Gobernar es poblar”, pero no educar en forma masiva a todos los ciudadanos. Posturas diferentes para intereses diferentes.
Podemos poner en contra de Sarmiento, muchos argumentos sobre todo en su mirada discriminativa sobre los pueblos originarios y el gaucho, pero es imposible no ponerlo en el bronce, cuando hoy vemos cómo se pretende tirar por la borda lo que fue exitoso más de un siglo, la escuela para todos.
Feliz día, maestro, provocador de fuegos, que, al arder, construyes Patria.
Griselda Bonafede

