¿Qué pasó en Sunchales?

¿Qué pasó en Sunchales?
Como es de público conocimiento, el festejo del «Día Internacional de la Cooperación» correspondiente al presente año se realizó en la ciudad santafesina de Sunchales, recientemente declarada Capital Nacional del Cooperativismo. El acto contó con la asistencia de autoridades nacionales, provinciales y municipales, junto a representantes de las entidades sectoriales y fuerzas vivas de la comunidad local. Estuvieron presentes, además, el presidente de la Alianza Cooperativa Internacional (Aci) y el director de Aci-Américas.

En dicha oportunidad, la ciudad anfitriona inauguró su moderno aeropuerto y un monumento alegórico emplazado en el principal acceso urbano dedicado a exaltar los principios y valores de la cooperación. Hubo actos multitudinarios, cortes de cintas, descubrimiento de placas, asambleas y reuniones plenarias, comidas pantagruélicas, encendidos discursos, homenajes emotivos y demás actividades que se estilan en circunstancias similares a la que motivó la convocatoria.

Sin embargo, en esta ocasión ocurrieron algunas cosas diferentes, incluso extrañas, fuera de la rutina predecible para este tipo de eventos oficiales. Seguramente, al buen observador no se le escaparon algunos hechos insólitos o, por lo menos, llamativos que inventariamos a continuación:

– Sunchales es SanCor y SanCor es Sunchales, pero SanCor no es Sancor
Si Sunchales ha sido honrada con el título -merecido por cierto- de «Capital Nacional del Cooperativismo» es porque alberga a una de las más grandes cooperativas agrarias del país, SanCor Cul, empresa líder en producción láctea, administradora de imponentes plantas elaboradoras que son consideradas modelo a nivel internacional.

A pesar de tales blasones, en esta ocasión las autoridades de la empresa, quienes por lógica debieron ser protagonistas principales de la serie de actos programados, exhibieron un curioso bajo perfil, ubicándose en todo momento en un sugestivo segundo plano. En cambio, la batuta local del evento la tomó Sancor Seguros, importante compañía aseguradora y Art que, si bien en origen fue un desprendimiento de su homónima, hoy integra un grupo empresarial diferenciado e independiente de la tradicional cooperativa agro-industrial. Salvo el nombre compartido, nada tienen que ver entre sí.

Esto quiere decir que SanCor Cul, la cooperativa agraria más poderosa de la Argentina y la estructura industrial láctea más descollante de Sudamérica, la mega-entidad asociativa que aglutina a miles de tamberos en todo el país (razón por la cual Sunchales se ganó el nombramiento de sede permanente del cooperativismo vernáculo), no aportó ningún orador al acto conmemorativo principal y sus dirigentes apenas aperecieron.

Tampoco hubo orador por Coninagro que, justamente, en la actualidad está presidida por un hombre de SanCor. Algo parecido, en materia de ausencias (o de presencias difusas), ocurrió con Cooperar, la máxima representación nacional del cooperativismo urbano. Teniendo en cuenta el protocolo de jerarquías vigente en el ámbito sectorial, éstos no son datos menores: algo pasó.

Se sabe que SanCor Cul atraviesa severas dificultades financieras, las que son consecuencia, en buena medida, de las políticas dirigistas implantadas por el gobierno con el propósito de alterar la cadena de valor de la leche, esto es: retenciones a la exportación, suspensión de reembolsos, precios máximos para el consumo interno, impuestos distorsivos (débitos y créditos bancarios), etcétera. SanCor Cul, fuertemente endeudada de antes y asfixiada ahora por culpa de las cambiantes reglas de juego económicas implementadas en los últimos años, se encaminaría a la bancarrota si no consigue acceder a un salvataje financiero urgente, penosa situación que la convierte, paradójicamente, en rehén de sus propios verdugos.

Al respecto, hace poco se filtró en la prensa la inquietante noticia que hablaba del accionar de algunos «operadores oficiosos» que estarían presionando a la debilitada empresa cooperativa para que acceda a asociarse con financistas que trabajan para el capitalismo corporativo-prebendario de Venezuela, una modalidad de cooperativas para-estatales que constituyen la versión opuesta a la trayetoria de independencia empresarial, institucional y social que, durante décadas, hizo poderosa a la cooperativa láctea con casa matriz en Sunchales.

Entonces ¿será por eso que los directivos de SanCor Cul optaron por evitar ejercer un rol protagónico en los actos realizados con motivo del Día Internacional de la Cooperación? ¿Será que las confederaciones -la rural y la urbana- empiezan a sentirse incómodas con tanto hegemonismo impuesto? ¿O será que existe un proyecto en marcha para armar un sistema cooperativo oficialista que reemplace a las organizaciones genuinas?

El presidente faltó a la cita

No obstante haberse anunciado -y «confirmado»- infinidad de veces, el presidente Kirchner no asistió al acto central en Sunchales y envió, en su representación, a la ministra de Economía, al ministro de Desarrollo Social, al presidente del Inaes, junto al gobernador de Santa Fe y otras altas autoridades nacionales y provinciales.

Este faltazo ¿se debió al creciente malestar que existe en el campo, producto de las arbitrarias medidas intervencionistas aplicadas recientemente por el gobierno? ¿O habrá sido porque la dirigencia sectorial que, no obstante practicar gestos de genuflexión hacia el poder político, teme no poder garantizar el «buen comportamiento» de los miles de posibles asistentes, mayoritariamente productores agrarios enojados, por lo que prefirieron evitarle al primer magistrado una desagradable silbatina?

El «Consenso de Sunchales», un mamarracho que no publicó nadie
Es una vieja costumbre doméstica que, en acontecimientos públicos como el comentado, de parte de los sectores participantes se formulen declaraciones conjuntas (gobierno-entidades) que, por su ostensible inutilidad práctica, al poco tiempo de ser suscriptas caen en el olvido.

En esta ocasión, con motivo de la efeméride cooperativa conmemorada en la localidad de Sunchales, también tuvimos una declaración por el estilo, la que, pomposamente fue titulada «Consenso de Sunchales» en obvia referencia confrontativa con el conocido «Consenso de Washington», que, según dicen, habría sido la «madre» de todos los males que hoy afligen a la Humanidad.

Este «consenso» de cabotaje exhibe casi todas las taras propias de los escritos políticos de tales características: grandilocuencia expresiva y voluntarismo aparatoso e inocuo; prosa panfletaria más afín a una agrupación estudiantil trotskista que a un plenario de estructuras productivas de arraigo nacional; estereotipada satanización del «enemigo» a combatir (definido vagamente, pero sospechado poderoso y extranjero); emotivas promesas de unidad y juramentos patrióticos casi siempre incumplibles; etcétera. En definitiva, he aquí el remanido recetario de lugares comunes y de consignas ideológicas exasperadas propias de esta clase de manifiestos.

Como no podía ser de otro modo, a continuación de los «implacables» considerandos que «diagnostican crudamente» la realidad, viene una agenda de compromisos y tareas reputadas de urgentes, las que, o no se han de concretar jamás o terminan provocando la rúbrica de nuevos documentos declamativos, tanto o más ampulosos y pretensiosos que el primero.

En todo caso, la diatriba de marras, que esta vez fuera pergeñada en Sunchales, se destaca de otras similares porque se evidencia con claridad meridiana que su redacción proviene de algún funcionario público muy motivado, con el pecho henchido de amor a la patria, muy deseoso de agradar a sus superiores; detectándose, en cambio, una modesta o nula participación de parte de los genuinos representantes cooperativos que, por lo visto, fueron «convidados de piedra» al momento de la elaboración del panfleto finalmente consagrado.

Cabe destacar, que el documento básicamente concibe a las cooperativas como meros apéndices del Estado, estando al servicio de sus designios coyunturales (algo así dijo Obeid en su discurso), siendo del aparato burocrático estatal la responsabilidad por conseguir el progreso y la felicidad de los habitantes de la Nación. En este caso puntual, por tratarse de una inflamada proclama en contra del tan odiado y vilipendiado «Neoliberalismo», incurre en groseros errores fácticos históricos, tanto en el terreno económico como en el político y sectorial; errores garrafales que deberían ruborizar de vergüenza a los dirigentes que dócilmente «pusieron la mocha» en este impresentable libelo.

Quizás sea por eso, porque aún queda algún resto de dignidad, que ninguna organización cooperativa involucrada directa o indirectamente en la gestación del engendro, ni tampoco la prensa especializada (salvo algún caso puntual -por ejemplo sunchaleshoy, agregamos desde la redacción-), haya publicado el memorable mamarracho que, con pompa y boato, fue firmado la semana pasada.

De nuestra parte, por el contrario, sentimos la obligación periodística de dar a conocer a nuestros lectores el texto íntegro del referido «Consenso de Sunchales» que, probablemente, ingrese a la posteridad como una nueva marca de felpudo. Mientras tanto, seguiremos tratando de desentrañar los enigmáticos interrogantes que la efeméride produjo y que aquí se enumeran.

Gustavo Ernesto Demarchi
Balvanera Sud, 22 de julio de 2006

El consenso de Sunchales
«La Economía Social, entendida como el conjunto de actividades económicas generadas por formas productivas solidarias y democráticas, ha sufrido con especial énfasis, los embates del modelo neoliberal, porque por su esencia son antagónicas con el modelo que se pretendía imponer. El modelo cooperativo en Argentina se desarrolló y consolidó conjuntamente con la conformación de nuestra nacionalidad plural, abierta y democrática, siendo su mayor expresión esta ciudad de Sunchales.

«El «modelo» impuesto desde 1976 y hasta la última crisis, fue la expresión del Consenso de Washington que instauró la apertura indefensa de la economía a la competencia internacional, siguiendo los lineamientos que se impusieron en todos los países dependientes. Se implantó un cóctel que mezclaba una receta variable de apertura bancaria, rebajas arancelarias, tipo de cambio falso, altos intereses y eliminación de los resortes básicos de un país industrial, al mismo tiempo que se imponía la desaparición del papel del Estado y de las diversas formas de organización productiva de la sociedad. Esta acción se estructuró sobre un andamiaje legal que privó a los argentinos de toda protección y defensa.

«Se perdió la memoria histórica colectiva y los valores de nuestros mayores, junto a los recursos solidarios acumulados por generaciones. Se vació la cultura social argentina, se degradaron todos los valores solidarios en aras del «éxito» individual. Durante todos estos años la economía solidaria fue un enemigo a batir, un blanco móvil al que había que quitarle toda capacidad de reacción.

«La implosión de diciembre de 2001, fue la consecuencia inexorable de la depredación de la Patria cuando ya parecía que nada quedaba por expoliar, por corromper, los capitales huyeron y la Argentina se quedó con su deuda y con sus desocupados, con la descomposición social y la exclusión. Justamente allí, en el momento de las monedas provinciales, en el momento de la huida de los capitales, entre el fragor de las cacerolas, renació la solidaridad entre argentinos.

Una solidaridad que tiene más de 140 años de historia: mientras los bancos vaciaban los tesoros, las mutuales y cooperativas prestaban «patacones», pesos y otros papelitos coloreados emitidos por gobiernos en fuga y seguían produciendo riqueza social. Mientras las grandes firman presentaban sus convocatorias previo cierre, las cooperativas y mutuales seguían atendiendo a su público. Las multinacionales cerraban sucursales en todos los pueblos y ciudades del interior y las entidades solidarias abrían nuevas. Mientras los supermercados levantaban sus góndolas, el pueblo ponía en marcha mil y un caminos de trueque.

«Esta solidaridad colectiva permitió llegar a estos días en que parece que aquellos hechos hubieran ocurrido hace un siglo. Fue la sociedad argentina la que decidió el cambio de modelo de producción social. Fue la reserva moral, que volviendo desde la memoria colectiva rescató nuevamente los valores solidarios e inició el largo camino de la recuperación económica y social del país.

«Hoy, pocos años después, la Argentina es un «milagro» inesperado para los que huyeron después del desastre. El Estado ocupò su lugar y se puso al frente de la recuperación económica y social. Los argentinos decidieron recorrer su camino, abandonando las recetas del Consenso de Washington y volviendo a la cultura del trabajo, del esfuerzo cooperativo, de la solidaridad, del arraigo en los campos, los pueblos y ciudades de la patria: la cultura de nuestros abuelos, que hoy queremos denominar Consenso de Sunchales.

«Los argentinos estamos iniciando la elaboración de un nuevo proyecto nacional que nos incluya a todos, que recupere los vínculos sociales, el orgullo de la pertenencia y el esfuerzo colectivo solidario. El cambio de «modelo» político social y económico, propiciado por el pueblo y el gobierno de la Nación, supone poner en primer plano el rol del Estado como promotor de la producción, el trabajo y el ahorro nacional, abandonando políticas neoliberales que han llevado al país a la bancarrota.

«El objetivo de dicho cambio de modelo es la inclusión, la recuperación del trabajo y la dignidad para todos los argentinos. Pasamos de una sociedad dispersa y desintegrada, donde el lucro es la medida individual del éxito, a una sociedad unida dentrás de objetivos solidarios. En este nuevo modelo la economía social solidaria tiene un papel preponderante porque constituye una de las columnas vertebrales del capitalismo nacional, donde el ahorro y el trabajo están al servicio de la sociedad.

«Las cooperativas y las mutuales han sido, desde hace más de un siglo, la forma en que los argentinos se han organizado para acumular capital al servicio de los intereses comunes. Es por eso que la consolidación del movimiento mutual y cooperativo constituye una condición para el éxito de un nuevo modelo social de inclusión. La economía social cooperativa siempre fue parte de esta sociedad y quiere convertirse en la herramienta para conseguir estos objetivos.

«Por eso hoy los firmantes de este Consenso de Sunchales nos sentimos parte de este pueblo argentino y sentimos el deber de ser protagonistas. Consideramos imprescindible desactivar las ideas preconcebidas, ignorancias interesadas, trabas burocráticas y en especial la maquinaria normativa elaborada por el neoliberalismo y que hoy dificulta la consolidación y expansión de este modelo solidario. En esta tarea comprometemos el esfuerzo.

«El Sistema Federal de Economía Solidaria. Se pretende formular una línea estratégica de acción para la Economía Social dentro del proyecto nacional. Nos proponemos trabajar para definir el espacio económico, productivo y social que tiene la economía asociada y democrática. La sociedad se organiza y estructura, entre otras razones, para resolver eficazmente la producción de bienes materiales e inmateriales necesarios al desarrollo de la misma.

«La idea principal de este consenso es la formulación del Sistema Federal de Economía Social, como una columna más de la producción y organización de la sociedad. El Estado y la economía pùblica cumplen el papel ordenador y propulsor del desarrollo económico y social colectivo. La economía privada es la expresión primaria de la actividad social de producción de bienes y servicios. La economía social es economía fundada en la cooperación, la ayuda mutua y la promoción social distributiva. Las cooperativas y mutuales son la forma jurídica que asumen las entidades sociales para el cumplimiento de sus fines.

«Por lo tanto, pretendemos dar estado formal, político institucional, jurídico y legislativo a una realidad de la economía argentina, que abarca a más de 12 millones de asociados y a más del 10% del PBI y que hoy se encuentra encerrada entre el espacio de la economía social pública y la economía privada, sin disponer de su propio estatuto institucional, político y normativo.

«Queremos iniciar la elaboración de propuestas concretas de «sistemas», entendidos como un conjunto de políticas de Estado, acuerdos sectoriales y normas legislativas, que promueven, regulan y coordinan un área de actividad concreta de la Economía Social.

«Nos proponemos trabajar conjuntamente el Estado con todos sus organismos competentes y las organizaciones representativas del sector, para elaborar desde la realidad concreta y la pluralidad, las propuestas básicas que consoliden y pongan al servicio de toda la sociedad las herramientas que hoy están ya disponibles en la Argentina: financiación productiva, servicios de salud y educación, servicios pùblicos, seguros solidarios, comunicaciones, industria y tecnología, producción, comercialización y seguros agropecuarios, vivienda y obra pùblica, turismo social, etc.

«En cada una de estas actividades hay un lugar para la economía social y es necesario definir para ello reglas propias claras y precisas. En consecuencia, acordamos:

I – Disponer la conformación de comisiones temáticas especializadas por actividad con la finalidad de difundir la invitación a participar a la sociedad, recopilar, discutir y elaborar las propuestas conjuntas entre las organizaciones del movimiento cooperativo y mutual y el Estado Nacional, representado por el Inaes, para la constitución de un cuerpo de pensamiento estratégico de la Economía Social al servicio del proyecto nacional.

II – Elaborar las propuestas normativas a todos los niveles necesarios para la consolidación y desarrollo del Sistema Federal de Economía Social. Las propuestas deberán abarcar sistemas específicos de control estatal, promoción proactiva y reconocimiento del sector como promotor del progreso social, el desarrollo con justicia social, la participación democrática y el desarrollo local autosustentable y distributivo que caracteriza a la economía social.

III – Proponer la normativa necesaria para la consolidación de los siguientes sectores, atendiendo a su específico carácter solidario, democrático y participativo: financiación productiva, servicios de salud y educación, servicios pùblicos, seguros solidarios, comunicaciones, industria y tecnología, producción, comercialización y seguros agropecuarios, vivienda, obra pùblica y turismo social.

IV – Invitar a participar de estas actividades a todas las organizaciones cooperativas y mutuales argentinas y a todas las instancias de gobierno Ejecutivo y Legislativo nacional, provincial y municipal.

V – Establecer como plazo para la elaboración y formulación de las propuestas, el Congreso Federal de la Economía Social, convocado por el Inaes para los días 23, 24 y 25 de noviembre de 2006».

Notiasociativas
Boletín Hebdomadario de la Economía Social y la Sociedad Civil
Buenos Aires, 22 de julio de 2006 – Año IV N° 52
empresasociativa@yahoo.com.ar

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