Historias en 140 – 07: Toda una vida en la valija

La decisión de partir la tomé bastante antes de subirme al barco, antes de llegar al puerto y todavía antes de recorrer cansinamente los kilómetros que me separaban de la gran ciudad.

Apenas reuní el dinero necesario para el pasaje rumbo a la esperanza, me di cuenta que tener este renacer tan lejos de esta tierra de limitaciones era una realidad concreta y me puse a armar la valija.

Precisamente por ser tan pequeño el espacio dentro de esa estructura de cartón prensado, se hizo tan compleja la tarea. La cosa parecía simple: lo puesto, más algo en la mano pero… ¿ahí? ¿cómo meter toda la vida en ese diminuto espacio? A ver, tampoco tenía tantas cosas pero unas fotos, el libro favorito del nono, el relicario de la mammina, el pañuelo de ella, en fin, mi vida ahí dentro.

Todo en un pequeño espacio:
Al momento de pensar en embarcarse, la pregunta acerca de qué llevar consigo era vital: el espacio reducido, una valija diminuta, de cartón prensado o tela, debía albergar lo más importante. Con escasas pertenencias, los recuerdos, fotos, libros, tarjetas, pasaban a tener una mayor relevancia.

Apostar a lo fundamental pero dejar espacio para la memoria parecía ser el mensaje que se repetía en aquellos inmigrantes que sabían que sería prácticamente imposible regresar a buscar otros elementos.

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