La inmigración en la pampa gringa (Parte 1)

Los migrantes que llegaron de la región noroccidental de la península itálica hacia fines del siglo XIX, a los que se conocía como “piamonteses” o “piemonteses”, acarrearon consigo sus hábitos y sus bienes trayéndolos hacia el destino soñado.

La marea inmigratoria que desembarcó en la “Pampa Gringa” argentina (Santa Fe y Córdoba, en términos generales) provenía del Piamonte, una de las veinte regiones que conforman la República Italiana. Y aquí siguieron con las costumbres de su añorada tierra abandonada.

Y trajeron todo lo que pudieron: tangibles e intangibles. Esta calificación corresponde a elementos propios de los migrantes en general: herramientas, instrumentos musicales (1), parte del ajuar, baúles (2), artefactos (3) y enseres. Pero además llegaron con elementos intangibles, entre otros, su música, canciones, lengua, religión y hábitos (culinarios, de festejos y de respeto a los difuntos).

Scaudaletto, artefacto que se utilizaba para calentar la cama (Foto: internet).

Otra de las costumbres que nos dejaron los piamonteses fue la de “las carneadas”, las que empezaron a desarrollarse como actividad artesanal y de riguroso rito amateur. Las mismas comenzaban dos meses antes con el engorde del cerdo. Se hacía hervir el maíz o semita y ese era el alimento que constituía la comida perfecta del animal. Se lo mantenía en una jaula de dos por dos metros a fin de que el porcino no se desplace y favorezca la gordura precoz.

La época del año en que se llevaba a cabo esta faena era el invierno, en Piamonte el clima es continental y por ende rígido, muy similar al nuestro. Se tomó ese ejemplo para llevar a cabo la actividad.

La tarea de la carneada era un proceso amical y familiar. Reunidos en el campo, familiares y allegados trabajaban durante dos días; esta tarea era ejecutada por cuatro o cinco hombres y algunas mujeres (dependiendo del tamaño del cerdo). Estas últimas preparaban las “morcillas” (elaboradas con sangre de cerdo, agregado de tocino y condimentada con cebolla de verdeo y especias), el “lever” (chorizo de hígado de cerdo); y hervían la grasa para el “chicharrón”. La tarea comenzaba muy temprano y habida cuenta del frio, corría en abundancia en el grupo masculino la ginebra, la caña y el famoso “Tres Plumas”.

Las especias que se le agregaban a la carne antes de embutirla eran: pimienta, nuez moscada, clavo de olor y pimentón hervido en vino. Además se producía chorizo del “cune” denominado también codeguín, el queso de chancho que se elaboraba con la cabeza del cerdo, chicharrón y el chorizo “del bueno” (era el chorizo seco que iba a la grasa y constituía “la joya de la abuela”). En casos de humedad se colgaba ese producto en una habitación cerrada con brasas.

Los tablones y caballetes utilizados en la tarea de desposte, molienda, condimentado y embutido eran de uso exclusivo a tal fin y se guardaban para el próximo año.

Las carneadas prácticamente se encuentran en extinción y los motivos que estriban esta circunstancia los constituyen su alto costo, los controles sanitarios y una “cuestión cultural” denominada “colesterol”.

Los piamonteses son conocidos por su enorme tenacidad y apego al trabajo por lo cual se hace necesario el consumo de significativas calorías, especialmente en los días similares a los del crudo invierno italiano.

___

1) Entre los instrumentos musicales que trajeron los italianos a nuestra zona sobresale el acordeón. Su fabricante Giovanni Anconetani (1872-1941) se destacó por sus numerosos viajes a Argentina para vender el instrumento. En 1912, decidió quedarse en el país para fundar su fábrica y usar su experiencia de músico y artesano. Más de un siglo después su apellido es sinónimo de los mejores instrumentos y del museo Anconetani del acordeón. Aun hoy los acordeones Anconetani siguen teniendo vigencia poniéndole música a muchas reuniones sociales.

2) Los baúles que junto con sus dueños cruzaban el mar para venir a América estaban reforzados con cintas de metal. En su interior se observaba una bandeja de madera de 12 cm de altura. Allí se ubicaban los papeles de familia y retratos.

3) El scalda letto (calienta cama) era un aparato que servía para irradiar calor en las noches muy frías. Con brasas que se ponían en un recipiente similar a una olla, se calentaban las sábanas.

Relacionadas

Ultimas noticias