El cuento de Caperucita Roja de Charles Perrault (1628 – 1703), escritor francés, ha sido un clásico presente en todas las infancias. Ningún chiquillo dejó de oír el cuento de la niña que quiso llevarle comida a la abuela, cambió de camino y fue asediada por el lobo malvado que la engañó, se adelantó tomando un atajo para llegar antes a la casa de la abuela. Se comió a la viejecita y luego esperó a Caperucita para darle el mismo final. Aparece, en escena un leñador quien salva a ambas.
El libro tuvo muchas adaptaciones. El original tenía un contenido explícito: “El objetivo principal de La Caperucita Roja era prevenir a las niñas de encuentros con desconocidos. Es por ello que hace hincapié en el aspecto carnal. En su versión, el lobo no se disfraza, sino que simplemente se mete a la cama y le pide a Caperucita que se desnude. Luego, cuando la chica le dice que tiene brazos grandes, él contesta «para abrazarte mejor, dejando clara la connotación sexual.” (1)
El libro tuvo gran éxito entre los niños, por eso decidieron eliminar las partes más escabrosas y enfocarlo hacia ese público despojándolo de temas de adultos: sexo, violencia, etc., por expresiones simbólicas. De modo que a las bibliotecas llegaron versiones subliminales, sin que perdiera el fin didáctico: Las niñas deben seguir el camino correcto y no dejarse persuadir por nadie que intente cambiarlo.
Ningún texto narrado escapa al contexto que lo interpela. Perrault mostró una sociedad en donde las mujeres debían cuidarse de lobos dispuestos a comérselas, y comérselas significaba violarlas. Tres análisis suelen hacerse frente de un texto significativo:
- Literal: Una niña es engañada por un lobo mientras intenta visitar a su abuela.
- Intencional: El autor muestra la vulnerabilidad de la infancia frente a la astucia del depredador.
- Crítico: El relato advierte sobre los riesgos de la desobediencia y la confianza en desconocidos, representando al lobo como metáfora del agresor sexual.
El cuento se convirtió en un instrumento de control para guiar a las niñas y evitar que se dejaran seducir por alguien si se encontraban solas. Por eso, debían escuchar y obedecer los consejos de la familia. Los padres evitaban tocar temas tan delicados como podía ser el sexo y pretendían que una narración fuera lo suficiente clara para que las niñas entendieran acerca de los peligros que la acechaban.

Nuestra “Caperucita” transitó todos los siglos y siempre se acomodó en alguna biblioteca por formar parte de una serie de cuentos de hadas, lo que no ha sucedido es que el análisis crítico haya sido comprendido por los niños.
Pero, hoy ya no existen tabúes para conversaciones francas entre padres e hijos, sin embargo, lobos siguen existiendo. Historias terribles que lamentablemente llegan demasiado menudo a nuestras pantallas y sostienen la atención durante días para terminar anunciando que han asesinado a una niña. Las estadísticas de feminicidio aumentan.
Entonces si ya no hay temores para hablar con los hijos e hijas a calzón quitado sobre los peligros que acechan, ¿por qué los lobos siguen haciendo de las suyas? ¿No pueden ser detectados?
Estos personajes no se dejan descubrir en el bosque de una sociedad cada vez más crispada en sus emociones, deprimida, encerrada mirándose el ombligo, con escasa empatía. ¿O directamente les abrimos las puertas?
Los lobos actuales son hombres que ejercen poder y control sobre mujeres. Usan internet y redes sociales desde donde acechan, aprovechan la vulnerabilidad de niños y adolescentes. Se disfrazan de “abuelitas buenas”, mostrando afecto o ayuda, pero con intenciones de abuso o explotación.
En medio de esa selva encuentran seres fáciles de embaucar, que de pronto abandonan el rebaño y se ponen a merced del peligro (los motivos son para análisis de profesionales). A ellos llegan y por intersticios profundos, los lobos de caperucita.
Después de los hechos trágicos donde toda una familia se hunde en el dolor, que el lobo sea atrapado, juzgado y sentenciado es lo que la sociedad reclama, pero el hecho ya sucedió. Una niña ha perdido la vida. No hubo leñador valiente capaz de salvar a abuelas y nietas.
Desde las bibliotecas, las Caperucitas Rojas lloran su destino de mujeres violentadas.
Griselda Bonafede
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(1) Durán Catalina Arancibia. Máster en Literatura Española e Hispanoamericana. Cuento La caperucita roja: de qué trata el clásico infantil. https://www.culturagenial.com/es/cuento-caperucita-roja/

