Declarado de Interés Cultural por parte del Concejo Deliberante en el año 2011.
Tengo 126 años. Soy más vieja que el pueblo donde levanté mi cuerpo. Y en este trascendente escenario de la historia, en esta geografía agreste fui edificada, sólida y amplia, hacia el suroeste del lugar llamado Sunchales. Mi gestación llevó más de nueve meses, hasta que una mañana de 1885 fui considerada apta, acabada y dispuesta a cumplir mi misión en la vida del siglo XIX, tal como había sido planeado.
No soy una casa más. Decididamente, no. Mis fachadas tienen un ornamento clásico y desde los siglos que vinieron me miran como reliquia histórica. Luzco un desarrollo y coronación mediante el uso de molduras, frisos, cornisas, pretiles y pilastras. Estos pretiles son en realidad barandas y las pilastras, columnas o apoyos.
¡Ah!, aún yergo orgullosa un estilo neoclásico italiano, con adhesiones de otra arquitectura que lo convierten en ecléctico, variado y conciliador, como ustedes podrán observar en mis fachadas: anterior y posterior, con la crestería -un calado o adorno- muy utilizada en la antigua arquitectura inglesa.
Para la época en que fui concebida todo era campo inmenso y agreste, así que yo originariamente me consideraba emplazada dentro del área rural. Mi dueño se estableció, hacia finales del siglo XIX, con el propósito de llevar a cabo la organización urbana del territorio y las demarcaciones que ocuparía el pueblo.
Ese año de mi nacimiento fue histórico: se registró la apertura nacional, establecida como estrategia política concretada a través del apoyo a la inmigración. Todos estos fenómenos influyeron sobre los conceptos de la obra que yo represento.
¿Cuántas veces habrán pasado ustedes frente a mí, mirándome de soslayo, una vivienda más del pueblo, como tantas otras, viejas y semiabandonadas, con la única referencia de que aquí vivió Carlos Steigleder, el agrimensor? Una mirada de reojo apenas y luego el viaje presuroso del trajín diario, dejando tras de sí una huella polvorienta. O quizás, ni una mirada.
Pero, ¿acaso me han analizado bien, considerando las características de mi cuerpo? Las proporciones de los cuadrados y cubos empleados en el avance de las salas esquineras y la ordenación de ingresos y ventanas me otorgan la claridad, por supuesto, que el estilo demanda.
Llevo superpuesta una influencia de los nuevos conceptos de la Villa Suburbana de la Arquitectura del Cinquecento, donde los espacios interiores se organizaban exigiendo el dinamismo. Mi edificación vincula el espacio interior con el inmediato exterior mediante el uso de aberturas y de galerías que no son solo un punto de vista para otear el entorno y más allá, el infinito horizonte. En realidad son espacios de transición entre uno y otro.
¡Y la pajarera!!!
Sonora, alada e inquieta pajarera. Destinada a alojar gran cantidad de pájaros. Actuaba como nexo viviente entre mi cuerpo y los elementos del hábitat en el contexto. Una imagen histórica, que se difundió y aún hoy es recordada por los habitantes; transmisión oral y de fotografías.

Siempre supe que iba a ser un referente histórico; así fue. Porque en el presente pongo de manifiesto los antecedentes, hechos y sucesos que fueron circunstancias especiales y temporales del nacimiento de Sunchales. Constituyo no solo una referencia arquitectónica, sino también cultural.
Sin dudas, tengo un destino de gloria. Los conceptos de tipo, compostura y figuración de mi obra han sido importados del viejo continente. ¿Y no debo olvidarme del sótano! Esta fue una construcción indispensable para la época. Todas las viviendas tenían uno. Servía como despensa y almacenamiento; allí con su frescura se garantizaba la conservación de los productos que servían para abastecer a la familia por largo tiempo.
Aquí, en la parcela 264 de la Colonia Sunchales, en medio de la llanura virgen, considerando la subparcela 11, con una superficie de terreno cercana a los 2000 metros cuadrados, sobre los cuales lo cubierto ocupa 241,70 m2 y lo semidescubierto 64,35 m2, estoy erigida para la posteridad. Soy como aquel mangrullo del lejano Fortín, faro que miraba hacia el norte y marcaba una estrella.
He vivido tiempos difíciles para la conservación de mi cuerpo. La idea posterior, plasmada por distintos gobiernos, continuó vigente a pesar de las diferencias políticas; supieron reconocer mi estilo, la categoría histórica, así que mi permanencia sobre la faz de esta población no se discutirá, seguramente, y la preservación será una constante, a pesar e la “escasez” del presupuesto. Nadie se atreverá a abatir mis muros en aras de la fría modernización que no respeta patrimonios entroncados con las raíces genuinas de los fundamentos poblacionales.
Pero es momento de mirara hacia atrás y retrotraer el ayer. Vivenciarlo junto a los habitantes del presente servirá para comprenderlo mejor. ¿Qué somos, en realidad, si no sabemos de dónde venimos?
Nuestra historia, la más cercana, la que atañe a abuelos y padres, la que justifica el calendario actual y sus acontecimientos cotidianos, nos da el sentido de pertenencia.
Estoy dispuesta a narrar. Los sucesos actuales y conmemorativos que habremos de vivir me motivan. ¿Quién mejor que yo para relatar los episodios de estos siglos que nos involucran?
Mis puertas están abiertas. Mi memoria es un arca exuberante de recuerdos. Los invito a pasar y recorrerme. Si están deseosos de observar, podrán “verme” en cada capítulo; si agudizan el oído, podrán “escucharme”. Y de no ser así, utilicen ese maravilloso don del ser humano: la imaginación.

